Cuando de pronto a lo lejos viene Francisco.
Trae consigo, el mismo traje de siempre, con soporte aristocrático, con la barbilla en alto y su mirada puesta en ningún sitio.
Hasta que sus ojos, se encuentran con los míos. Siempre lleva el cabello un poco más largo de lo que estaría permitido en una oficina.
Pero al parecer, es algo que a él no le interesa.
Se sienta a mi lado, no me presta ni un ápice de atención. Yo tampoco lo hago, me encojo de hombros.
Sin saber muy bien que decir en ese momento.
Trago saliva, miro hacia delante y apoyo ambos codos en la barra. Un café me es servido delante de mi.
Al parecer la apuesta es de verdad, la verdad que no entiendo esta gente.
Yo empiezo a beber de mi café, sin decir ninguna palabra.
Siento su mirada sobre mí, algunas meseras están escondidas, y otras pasan por mi lado.
Sé quees por la apuesta, pongo los ojos en blanco con disimulo. Entonces mi giro para poder hablar con el sujeto.
—Hola mi señor... Buen día —digo con una sonrisa, de la más radiante y falsa que había hecho en toda mi vida.
Él, levanta una ceja un poco confundido al parecer por mi actitud y dice:
—Eran buenos días, hasta que te vi —dijo con simpleza y se giro.
Puse los ojos en blanco y dije:
—Pero si usted se casa conmigo, tendría los días más maravillosos del mundo —dije.
—Eso lo dudo —comentó y yo entrecerré los ojos, dispuesta a enfrentarlo.
Acomode el lugar pero al parecer era mucho más difícil de lo que pensé. Miro hacia delante, tomando de nuevo mi café y cuando estaba por decir algo... me giro y él ya no estaba.
Levanto las cejas confundida sin entender muy bien ¿en qué momento se me había escapado?
Entonces, el café que estaba a mitad de camino, me es arrebatado de las manos, y yo miro hacia delante.
—¡Oye! —protesté.
—Te dijimos, que intentarás enamorarlo —me regañó la misma señora de antes.
—Pues simplemente mire hacia el lado y ya no estaba —dije; me encogí de hombros para después marcharme.
—¡Piensa en la apuesta! —me gritaron.
Suspiré, tendría que buscarlo en el edificio el cual me hacía sentir una pordiosera.
Empecé a caminar por las largas calles de la ciudad, sentía que cada uno de mis pasos eran un poco más tranquilos que el anterior.
Hasta que finalmente, después de un poco más de esfuerzo llegué. El lugar era completamente enorme, las paredes se extendían lo alto de la ciudad.
Algunas ventanas, parecían tan impecables, y limpias que creo que más de uno se le podrían llegar a chocar.
El portero de siempre me miró con una sonrisa amable. Me saludó y me dejó pasar.
—Lamento de lo del otro día señorita.
En cuanto dijo esas palabras, me detuve y lo miré con confusión.
—¿A qué se refieres..? —quise saber.
—Usted... no era ninguna pordiosera, me lo dijo el señor Francisco cómo lamento haberla confundido por una y...
—No importa... De igual forma el sándwich que me dio usted, eh... fue las mejores comidas que tuve en esa semana —dije con sinceridad, bajé la cabeza.
—Si quieres, después podemos almorzar uno los dos juntos —dijo con amabilidad.
—¡Es una excelente idea..! —comenté con una gran sonrisa, la cual esta vez sí llego a mis ojos.
Después me gire, trago saliva, cierro los ojos y los abro.
Estaba dispuesta a poder enfrentar: a esa persona que me tiene mal. Francisco.
...
Francisco, al parecer ya había subido por el ascensor. Voy corriendo a través de las escaleras, pensando que tenía condición física pero al parecer me equivoqué.
—N-necesito un tanque de oxígeno.
Cuando voy por el quinto piso, siento que se me van a salir los pulmones del pecho, trago saliva, levantó la barbilla un poco orgullosa de haber logrado tal hazaña. Uno logro ponerme de pie, sacudo el polvo de mis rodillas, con esmero.
Prestó atención a mi alrededor, la misma oficina de siempre, los empleados que van y vienen sin prestarme ningún tipo de atención y yo puedo ver a lo lejos la oficina bien separada del señor Francisco.
Voy corriendo como si mi vida dependiera de ello, sin importarme absolutamente nada.
Al parecer nadie le importó, porque en cuanto llegó toma la perilla de la puerta; ingreso.
Algunos me miran con curiosidad, siento la mirada de algunas personas detrás de mí pero no me interesa. En cuanto abro la puerta, después de un golpeteo, ingreso.
Si, está en el escritorio, al parecer con algunos papeles importantes. Aunque de igual forma no me presta ni un poco de atencion.