—Te fuiste —dije y el asustado, miró hacia delante. —¡Maldición! Casi me da un infarto cuando hablaste —dijo. —Tan fea no soy —dije me encogí de hombros. Puse mis brazos alrededor de mi cintura, intentando parecer un poco más notable de lo que era. —Pues, la verdad es que prefiero no discutir sobre eso. Lo que no entiendo, es cómo te han dejado entrar. —La primera vez me hice pasar por pordiosera, y me dieron un gran sándwich de milanesa. Ahora simplemente me dejaron pasar —dije con sinceridad sin entender muy bien, por qué motivo todo le ofendía. ¿Tan mal carácter tenía..? —No quiero que ensucies mi alfombra —dijo sin mirarme. Un poco frustrada, me senté enfrente de él. El mismo levanto sus ojos en dirección a mi, yo lo miraba aburrida Mientras que el con cansancio. Tenemos un

