Creo que tengo la boca abierta, verlo al lado de la mamá de Mateo solo significa una cosa, están juntos. La verdad nunca conocí a la mujer con la que se había ido pero nunca la había visto.
—¡Hola hija! —dice, yo estoy en shock pero rápidamente la irá controla mi cuerpo.
—¿Qué demonios haces aquí? —grito.
—¿Es tu padre? —pregunta sorprendido Mateo, yo asiento—. ¡No puedo creerlo! —
—Por favor, dejen que les expliquemos —dice la madre de Mateo, ella se parece bastante a él, es muy bonita pero ahora mismo solo siento repugnancia por los dos.
—¡No hay nada que explicar, lárguense de aquí! —digo firmemente.
— Juliette, escucha... —dice el hombre que se hace llamar mi padre, yo muevo la cabeza y voy a abrir la puerta para que salgan.
—No hay nada que escuchar, no puedo estar en el mismo lugar en que están dos personas que abandonaron a sus familias sin mirar atrás, ustedes no son padres, no son nada para nosotros, me da repugnancia el solo mirarlos —digo con rabia, la mujer mira hacia Mateo, pero este solo me mira.
—Mateo, hijo… —lo llama pero él levanta una mano en señal de detención.
—Tú estás demasiado loca si pensaste en que yo iba a recibirte cuando me dejaste solo, era solo un niño, por tu culpa mi padre cayo en el alcohol, preso, la mamá de Stefan es mi madre, tú no lo eres —dice, ambos se disponen a salir, la madre de Mateo se limpia una lágrima, yo ruedo los ojos, ahora le bajo el amor, pero no le importo dejarlo solo cuando solo era un niño.
—Ni siquiera las perras abandonan a sus cachorros —digo cuando van saliendo, cerrando la puerta de golpe, miro hacia Mateo, esta mirando hacia la nada, sé que aunque no lo acepte, el ver a su madre le afecta, yo en cambio había superado eso con una madre excepcional—. ¿Estás bien? —le pregunto.
—No puedo creer que ellos estén juntos, es decir, nunca me lo esperé —dice mirándome.
—Sentí lo mismo cuando los vi, las dos personas que casi nos arruinan, juntos, sin importarles nada —digo, él asiente y me sonríe.
—Yo me quede sin voz cuando te escuche decirle papá —dice, yo asiento—. Reaccionaste muy bien —dice, yo levanto las cejas.
—Nene, seré abogada, ese es mi trabajo —digo riendo, él asiente, me abraza y me da un beso en la frente.
—Gracias por venir —dice, yo niego.
—Y que bueno que lo hice, creo que tendré que ponerle la orden de restricción que le avise al caballero ese —digo, Mateo ríe—. ¿De que te ríes? —
—Usando todas tus artimañas legales —dice, yo ruedo los ojos.
—Es un tonto, no entiendo que parte de “no te quiero ver” no entiende, definitivamente saque la inteligencia de mi madre —digo.
—Al parecer sí, no te pareces mucho a él —
—Gracias a díos —digo.
Agarro mi bolso que había dejado en el suelo y voy hacia la habitación, me saco los zapatos y me coloco ropa cómoda.
—¿Comemos? —le pregunto, él asiente y camina hacia la cocina.
—¿Pollo? —pregunta, yo asiento.
—Estos días hemos comido demasiada chatarra, toca el equilibrio, y mañana aprovecharé de ir al gym, ¿vas conmigo? —le pregunto, él asiente.
—No soporto que te estén mirando el trasero cuando te estás ejercitando —dice, yo ruedo los ojos.
—Mira, las chicas de ahí también te miran, pero sé que solo me quieres a mí, ¿o no? —le pregunto acercándome a él, Mateo asiente y sonríe.
—Sí, ¿Tú solo me quieres a mi? —pregunta, yo asiento.
—Si nene —
Preparo la comida mientras Mateo pone la mesa, no dejo de pensar en lo que paso, es decir, me pillo demasiado desprevenida, y me duele saber que mi padre fue el causante de todo el sufrimiento de Mateo y su padre, y por alguna razón me siento culpable.
Miro de reojo a Mateo, parece tan sumergido en sus pensamientos, que casi puedo sentir el ruido en su mente, pero sé que no debo preguntarle nada, cuando él quiera me contara, no lo fuerzo, no quiero presionarlo, todos asumimos y afrontamos las cosas de manera distinta, yo tuve una excelente madre, que hizo que nunca necesitara alguien más, ella fue fuerte, y le doy gracias por la mujer que soy, pero Mateo no tuvo esa misma suerte, su padre se derrumbo y a fin de cuentas le fallo, aunque Antonia haya intentando ser su madre, el abandono de la que debería haberlo cuidado no se cerraba tan fácil, tú podías ver a Mateo como un hombre rudo, seductor, fuerte pero en el fondo era bastante sensible.
—¡Esta listo! —le digo sonriendo, él levanta su cabeza y me sonríe.
—Huele muy rico, definitivamente debe estar exquisito —dice, yo asiento.
—Obvio nene, todo lo que hago es rico —digo dejándole el plato frente a él y sonriendo coqueta, él sigue mi juego.
—Es algo que no te discuto —dice, yo rio.
—Come, luego nos vamos a dormir —digo, él levanta una ceja.
—¿Segura? —pregunta, yo no digo nada, solo le guiño un ojo. Esta más que claro que lo primero que haremos no será dormir.
Empujo a Mateo a la cama, ya le he sacado la polera y le he llenado de besos, su pantalón esta desabrochado y de un solo tirón lo bajo por sus piernas para sacarlo por completo, él me mira, su rostro solo muestra lujuria y deseo, y me enciende tanto, quiero cumplir todas mis fantasías sexuales con él, y las suyas, que sé, serán igual de excitantes que las mías. Somos un todo.
Subo, dejando besos por su abdomen, su cuello y cuando finalmente llego a su boca, rozo mis labios con los suyos.
—Te haré olvidar todo —susurro, Mateo agarra mi pelo y me besa con pasión, cuando nos separamos bajo a su m*****o, lo tomo en mis manos y lo miro sonriendo cuando le paso la lengua por toda su magnitud, Mateo tira la cabeza hacia atrás y suspira. Estoy varios minutos dándole placer oral hasta que se levanta, levantándome con él.
—Demasiada ropa —susurra, saca toda mi ropa y me acuesta en la cama, se posiciona entre mis piernas y cuando me besa puedo sentir su m*****o duro en mis muslos, me besa con pasión, baja a mi cuello, toma mis pechos en sus manos y paso su experta lengua por mis pezones, suspiro y me muerdo el labio, siento un escalofrío por todo mi cuerpo, que se posiciona en mi centro. Baja una de sus manos hacia allí, me sonríe cuando toca la humedad—. Así es como me gusta —dice, baja rápidamente y con círculos comienza a torturarme, pero, ¡dios que exquisita tortura!
Cuando ya me ha hecho llegar, y mi cuerpo aun siente los espasmos, entra en mí, ya no usábamos condón, yo me esta cuidando y ambos nos habíamos hecho una examen para descartar algún tipo de enfermedad, y la sensación era el doble de placentera, sentirlo en todo su esplendor. Comienza su vaivén pero cuando ya normalizo mejor mi respiración nos doy vuelta y me subo arriba. Comienzo a moverme, se me hace fácil mover mi caderas dándonos placer a ambos, Mateo pone sus manos en mis pechos y acaricia mis pezones, tiro la cabeza hacia atrás y en solo unos movimientos vuelvo a llegar.
Lo miro mientras me muevo y pongo una mano en su cuello, mi aliento a centímetros de sus labios rojos por mis besos. Comienzo a moverme lento.
—Prepárate mi amor, la noche recién esta empezando —
Dicho esto lo beso.