Despierto al sentir mucho calor en mi cuerpo, como si estuviera bajo un calefactor, intento levantarme pero un peso no me deja, y ya siento que me sofoco.
—Mateo, ¡déjame salir! —le digo, intento moverme pero solo lo escucho gruñir, intento como puedo sacarme el pelo de la cara ya que más calor me provoca, y me dispongo a empujarlo con todas mis fuerzas, que no son muchas teniendo en cuenta que estoy boca abajo, estiro mi trasero hacía atrás para poder impulsarme pero solo consigo que una mano de Mateo se posicione en mi trasero y lo golpee, pego un grito al sorprenderme de su acción.
—Juliette, si querías follar solo tenías que decírmelo —dice, pongo los ojos en blanco, anoche lo habíamos hecho unas tres veces más, me sorprendió la capacidad con la que se reponía, pero no me quejo.
—¡Quiero que salgas de encima, tengo mucho calor! —digo, Mateo se hace a un lado y por fin siento aire en mi cuerpo, lo que agradezco.
—Creí que querías repetir —dice pasándose las manos por detrás de su cabeza. Yo niego.
—Tengo clase en hora y media más —me levanto de la cama desnuda y camino hacia mi closet para sacar algo de ropa interior e ir al baño.
—Creo que me iré también—dice, me doy vuelta y hago algo que pensé que jamás haría.
—Si quieres come algo antes de irte o si me esperas puedo llevarte a tu casa o algo —digo encogiéndome de hombros intentando parecer desinteresada.
Mateo me mira sorprendido, hasta yo lo estoy.
—¿Segura?, no te vayas a estar enamorando de mi —dice divertido, yo ruedo los ojos.
—Yo no me enamoro —digo y sin esperar respuesta me meto en el baño a bañarme, al mirarme al espejo abro los ojos sorprendida, mis pechos están llenos de chupones que ya se están colocando morados.
—¡Mierda, que noche! —digo mordiéndome el labio. Mateo sabía perfectamente como me gustaba sin siquiera yo tener que decírselo , era algo que no me había pasado nunca, siempre tenía que estarles diciendo a los hombres como me gustaba, incluso algunos ni siquiera podían lograrlo.
Cuando estuve lista salí del baño en ropa interior en busca de ropa, no me daba vergüenza que Mateo me mirara desde la cama como si quisiera comerme, de todos ya me había visto varias veces desnuda.
—¿Qué miras?, ¿Acaso te gusto? —digo mirándolo con suficiencia, Mateo rueda los ojos y se levanta de la cama desnudo, con la misma seguridad que yo había salido del baño, enarco una ceja en su dirección.
—¿Te molesta si uso tu baño?, es que anoche quede bastante sudado —pregunta, yo asiento.
—Esta bien —digo, Mateo va hacia el baño a bañarse y yo me dirijo a la cocina a poner el agua para tomar desayuno, veo la hora y solo me quedan cuarenta minutos, así que me prepare algo rápido en lo que Mateo salía del baño.
—Huele rico —dice apareciendo en la cocina, yo asiento.
—Si quieres come un poco —digo, él asiente y se sienta en la mesa, tiene la camisa abierta, ya que no tenía más ropa, solo con la que llego anoche.
—¿Tan bien lo hice? —me pregunta mirándome, yo lo miro confundida.
—¿Qué hablas? —
—Es que tu actitud, cambio bastante, cuando nos despertamos pensé que me echarías —dice, yo me encojo de hombros.
—¿Quiere que te eche? —
—No, debo admitir que es la primera vez que amanezco con una chica —dice yo me río.
—Eso es algo que nadie te creería —digo, él niega.
—Es que siempre me iba al terminar, o cuando estaba en mi casa les decía que se fueran —dice, yo asiento, yo también hacía lo mismo, a menos que quedara demasiado cansada y me durmiera sin alcanzar a decirles que se fueran, lo que solo eran dolores de cabeza teniendo en cuenta que muchos querían conocerme.
—Bueno, eres el primero al que no echo a la mañana —digo, él asiente.
—No creo que este bien —
—Yo tampoco, quizás ya no deberíamos hacerlo más, es decir, no somo muy diferentes y vamos a chocar mucho, y teniendo en cuenta que entraremos juntos a la boda de Stefan, creo que lo mejor es quedar solo como amigos, no como folla-amigos —digo, Mateo hace una mueca pero luego asiente.
— Quizás tengas razón —dice, yo le guiño un ojo.
—Nene, yo siempre la tengo —
—¡Por dios, eres como una mini versión mía! — dice, yo niego pareciendo herida.
—Tú eres una versión masculina de mí, que es distinto —digo, Mateo vuelve a asentir, una vez que termino dejo el plato y la taza lavados—. Me iré a lavar los dientes, ¿te llevo o te vas solo? —le pregunto, él asiente.
—Aprovecharé tu amabilidad, creo que esto no se ve todos los días —dice, yo ruedo los ojos y le apunto con un dedo.
—¡Sigue hablando y te vas solo! —Mateo levanta las manos en señal de paz y yo sonrío—. Eso creí —
Descubrí que Mateo vivía a cinco manzanas de la mía, en edificio muy alto y se notaba caro también, me sorprendió que a pesa de que no vivíamos tan lejos nunca me lo hubiera topado en algún bar.
—¿Por qué nunca te había visto? —pregunto sin pensar.
—Voy a la universidad que esta en el norte, normalmente voy a los bares cerca de allí y tú vas a los bares que están cerca de tu universidad, creo que tiene sentido —dice yo asiento.
Mateo se despide con la mano y baja del Jeep, yo me pongo en marcha hacía la universidad, con la cabeza llena de pensamientos.
Aparco en un lugar con sombra, lo que agradezco, y cuando me bajo siento que alguien me silva, me doy vuelta sonriendo pensando que es Max pero mi sonrisa se borra cuando veo que es Adam.
—Llevo solo unos días por aquí y ya he escuchado mucho de ti —dice, esta recargado en un asiento mirándome con esa sonrisa, que antes solía encantarme pero que ahora solo me producía asco.
—¡Déjame en paz! —espeto molesta.
—Pero nena, por que no recordar viejos tiempo ahora que estaré viéndote seguido —dice, yo niego.
—¿Qué piensas idiota?, ¿Qué quiero enrollarme contigo después de lo que me hiciste? —estoy furiosa, esto solo me hace darme cuenta la basura de persona que es, sabe el dolor que me causa pero aún así quiere seguir haciéndolo.
—Fui tu primera vez, ¿me amabas no? —yo suelto una risa amarga.
—Nunca te ame, solo vivía en la estúpida fantasía, así que no nene, no me importa que hayas sido mi primera vez —digo dándome vuelta y comenzar a caminar hacia la facultad.
—Ya entiendo tu apodo, quizás debí haberte tomado en cuenta antes —dice, yo me paro y cierro los ojos, incluso después de lo que paso aquella vez, quise y desee que el volviera arrepentido donde mí, pero luego con el pasar de los días me di cuenta que eso era tenerme muy poco amor propio y él no lo valía.
—Sabes Adam, me hiciste un favor al haber jugado conmigo —digo, él me mira confundido.
—¿De que hablas? —doy un paso hacia él de forma sensual, quizás sea tiempo de que yo juegue un poco con él.
—Me hiciste darme cuenta de lo grandiosa y hermosa que soy, mírame, todos los hombres quieren estar conmigo, me desean, por algo soy el ángel de la seducción, ¿no?, no necesito un hombre cuando tengo miles cariño —dicho esto me doy media vuelta para dejar a Adam con las palabras en la boca y con mi dignidad por el cielo.
Subo rápidamente al salón, Max ya esta ahí sonriendo como un bobo al celular.
—Adam está aquí en la universidad —digo, él me mira.
—¿Qué? —
—Me lo acabo de topar, pidiéndome un remember —digo rodando los ojos.
—¡Pero que descarado! —dice, yo asiento.
—Quizás sea mi turno el jugar con él —digo mordiéndome el labio.
Pobre Adam, no debiste haberte cruzado en mi camino.