El vuelo fue largo y tedioso, creo que porque estaba ansiosa de volver a casa y ver a mi hija. La extrañaba muchísimo. Me puse a recordar cuando me enteré de mi embarazo y lo asustada que estaba. Quien se iba a imaginar que era lo mejor que me podía pasar. A estas alturas me reía de lo tonta que fui al no ir como loca a contárselo a Ramsés. Que niña tonta que era. Aunque bueno, él también estaba asustado, pero no por los mismos motivos que yo. Suspiré nostálgica al recordarlo hablándole a mi panza. Fueron unos días hermosos, pero también duros porque su enfermedad estaba ganando terreno y él empezó a ocultarme cosas para que yo no me preocupara. Pero supongo que había perdido su habilidad para mentirme porque las descubría todas y terminábamos peleando por tonterías, cosas que solucionamos

