VANESSA Me paseé entre los invitados al lado de Pilar. Nadie me había reconocido. Había cambiado tanto desde que me habían metido a la cárcel que no quedaba nada de la Vanessa antigua. Algunas veces me preguntaba el porqué había sido tan estúpida. Por fortuna había cambiado. No todas las estúpidas despiertan, y yo había tenido el privilegio de hacerlo. No podía quejarme de ello, había tocado forma de una manera que tuve que cambiar por el bienestar de mi hijo. Era lo que me mantenía a flote y era una madre orgullosa que había sido capaz de darle lo mejor y sacarlo adelante. No le faltaba nada conmigo. Tomé una copa de vino tinto de la desgustación que había al principio del evento, que mejor que festejar un aniversario con una bebida tan bendita. — ¿Y quienes son los desgraciados que

