ALEX No podía creer que había visto a Vanessa. La había visto y no podía hacer otra cosa salvo regresar a la ciudad y buscarla. No sabía si había regresado a vivir ahí o simplemente estaba de paso. Mientras no lo supiera, el tiempo valía oro. El otro tren saldría en dos horas y no podía esperar todo ese tiempo y perder esa posibilidad de volverla a ver. Salí despavorido de la estación de tren. Vi que mi madre estaba estacionada justo afuera de la estación con las intermitentes del auto prendidas. Aventé mi maleta a la parte trasera del auto y me subí en el asiento del copiloto. — Hola hijo —me saludó. — Hola mamá, necesito regresar a la ciudad —le avisé de inmediato. — ¿Cómo? —me vio confundida. — Vanessa está yendo a la ciudad en este momento. Acelera por favor. — ¿Vanessa...

