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4543 Palabras
Martín -Calentando motores para The Rouge -leo en voz alta el pie de foto de la imagen subida por Luna a sus redes-. Listo, ya sé dónde vamos a ir -le digo a Pablo mientras coloco en el GPS del auto la dirección del lugar. -¿The Rouge? No, estás loco, ese lugar es horrible -critica mi amigo, como era de esperar. -Vamos a ir igual -digo con seguridad-. Acordate que yo soy el despechado esta noche. Habiendo notado mi gesto él toma mi teléfono y mira la pantalla. -¿Qué hace Sol con la chica nueva de la empresa? -pregunta intrigado. -¿Qué chica nueva de la empresa? -replico tomando el móvil nuevamente y viendo la imagen una vez más. Recién entonces advierto que la mujer del medio es la nueva compañera de trabajo, que se va a encargar de la organización familiar en la empresa. Supongo que el hecho de que esta maquillada, no lleva gafas y sus rulos tan característicos estén tapados por Sol y Luna hizo que no la reconozca. -No me había dado cuenta de que era ella -confieso con sinceridad. -Bueno. Está bien, vamos -dice mi amigo, mirando el teléfono una vez más. -Eso fue más fácil de lo que pensaba -reconozco con una sonrisa. Llegamos al lugar y dejamos el auto a pocos metros del de mi hermana. -Ya están acá, ese es el auto de Sol -afirmo mostrando la calcomanía del laboratorio, que yo mismo le pegué contra su voluntad. Pablo ingresa al lugar delante de mí y comienza a mirar hacia todos lados, como buscando a alguien. -Allá esta la amiga de Sol -dice señalando a Luna, que está en el medio de la pista, bailando muy pegada a su guardaespaldas. -Mejor vamos a otro lado -digo a mi amigo, pero como ya está caminando hacia ella y la música está muy fuerte no me escucha y sigue avanzando. Decido dejarlo seguir y cambio mi rumbo hacia la barra, suponiendo que cuando se de cuenta que no lo seguí buscará por allí. Cuando llego veo unos rulos negros abultados y reconozco sin dudas a Pilar, por lo que le tapo los ojos desde atrás y le hago un gesto a Sol, que se encuentra con ella, para que no diga nada. Mi hermana se ríe con complicidad. -¿Quién es? -pregunta a los gritos la morocha y cuando finalmente la suelto se gira y me abraza muy sonriente. -Creo que estas un poco más alegre de lo normal -le digo con una carcajada. -Un poco, pero ya no tomo más -afirma haciendo una cruz sobre sus labios a modo de juramento. -Voy al baño, cuidala -ordena mi hermana, para luego perderse entre la gente. -Gracias -dice Pilar con los ojos un poco brillosos. -¿Por qué? -pregunto intrigado. -Hoy vi mi cuenta bancaria y puuuuuuuf… -dice haciendo un gesto de amplitud con las manos-. Había mucho más de lo que pedí -reconoce con su expresiva mirada cargada de sorpresa. -No tengo nada que ver con eso, pero con seguridad es más que merecido -afirmo con gentileza. Si se tratara de otra chica, creo que ya estaría invitándole una cerveza más, pero algo en ella me hace querer cuidarla, por lo que pido un agua y la invito a tomarla, mientras la llevo a uno de los sillones, donde podemos conversar sin miedo a que se caiga en cualquier momento. Pablo Llego hacia la amiga de Sol y miro hacia todos lados sin encontrar a la rubiecita que me quita el sueño. Doy una vuelta por la pista y no parece haber rastro de ella. Finalmente, cuando veo hacia la barra, pensando que allí encontraré a Martín, la veo alejandose de él y la nueva chica de la empresa y decido seguirla. No llego a alcanzarla hasta que veo que ingresa al baño de mujeres. Me quedo a una distancia prudencial a esperar que salga, pero cuando finalmente lo hace, choca de frente con un chico, que parece demasiado feliz de verla y hace que mis celos afloren inmediatamente. Comienzan a conversar animadamente y la veo sonreír con timidez y sensualidad y pienso que son expresiones que nunca tuve el placer de generar. Cuando veo que caminan hacia la barra nuevamente decido seguirlos de cerca. Se detienen e intercambian unas palabras, tras lo cual el chico sigue camino hacia la barra, dejándola sola. Aprovecho para ir hacia ella y tomarla del brazo, llevándola hacia un patio interno del lugar, donde podremos conversar. -¿Qué haces? Te volviste loco -dice ella cuando llegamos al patio, haciendo un ademán para volver a entrar al lugar. La retengo tomando su brazo nuevamente, dejándola esta vez más cerca de mí. -Sí, creo que me estas volviendo loco, justamente -digo sin reconocerme a mí mismo en esta faceta tan posesiva que nunca había experimentado-. Solo necesito que hablemos, ahora no estamos en la empresa, escuchame por favor. -Pero seguís estando de novio, y te aclaré muy bien que mientras fuera así, no quiero saber nada de vos -replica ofuscada. -Lo único que te pido es que me escuches dos minutos, pero no podemos hablar acá, vamos a algún lugar en que estemos solos, por favor -ruego, esperando que vea la sinceridad en mis palabras. La veo reírse con tristeza y negar con la cabeza, evitando mirarme. Hasta que parece decidirse en cómo seguir la conversación y lleva sus hermosos ojos miel hacia mí, dejándome advertir que están cargados de lágrimas. -Dudo mucho que algo de lo que me digas me ayude a justificar que me hayas usado para sacarte las ganas una noche, para al día siguiente volver con tu novia. ¿Te das una idea de cómo me hace sentir eso? -sus palabras me caen como un baldazo de agua fría y siento que mi corazón está en carne viva al verla sufrir por mi culpa. -Sol no te usé, por favor no pienses eso -digo llevando una mano a su mejilla, sintiendo que todo mi cuerpo necesita contacto con ella. Se aleja instintivamente y camina hacia la puerta, pero se frena y camina otra vez hacia mí. -Igualmente tengo que agradecerte, porque gracias a vos me di cuenta que ustedes son todos iguales, hasta el que parece más santo en realidad tampoco vale la pena. -Sol te estaba buscando -dice el chico castaño que antes estaba con ella. -Perdón Agus, me encontré con Pablo y estábamos hablando de la empresa. Parece que Luna y Pilar no me necesitan, ¿podríamos irnos? -pide ella al joven, entrelazando una de sus manos con la de él, que parece sorprendido, pero feliz con su reacción. -Claro, vamos. Chau -dice él mirándome a mí, mientras sale tras ella, que ni si quiera se molesta en voltear a verme, ni mucho menos en despedirse. Me quedo inmóvil por unos minutos, pensando en cómo seguir, pero no puedo evitar que el impulso de seguirlos le gane a la prudencia y camino hacia el interior del local, para ver que están ya llegando a la puerta de salida. La gente mi dificulta el paso pero me abro camino y cuando cruzo la puerta los veo caminar en el sentido contrario al auto de Sol. Camino hacia mi auto y subo, dispuesto a seguirlos sin entender muy bien para qué, creo que alguna parte de mi mente está rogando que ella se arrepienta y decida bajarse de ese auto y hablar conmigo, pero parece muy entretenida en la conversación con ese chico. Al ver el auto arrancar, inconscientemente los sigo. Parecen no notar mi presencia porque van hablando, sin mirar hacia atrás. Solo unos minutos después coloca la baliza indicando que frenará y decido quedar a unos metros para no ser descubierto. Ambos bajan y caminan hacia el edificio, donde Sol abre la puerta con su llave, por lo que entiendo que se trata de su casa. Desaparecen en el interior y mis celos llegan a niveles nunca antes vistos. “Agus” repito en mi mente, ya había escuchado algo sobre un “Agustín”. Golpeo el volante con fuerza y una vez más me sorprendo de mi reacción tan alejada de lo que realmente soy. Mi teléfono suena y veo el nombre de Clara en la pantalla. Respiro profundamente unos minutos y decido atender. -Hola amor. ¿Todo bien? -pregunto con calma. -Hola mi vida. Sí, pero ya estoy cansada, quiero volver, ¿me buscas? -pide con dulzura. -Sí, voy para allá. En cinco minutos estoy -respondo colgando la llamada y quedando unos minutos en silencio, mirando la puerta por donde Sol y Agustín entraron, rogando por verlo salir antes de tener que irme. Niego con la cabeza totalmente derrotado y arranco el vehículo para ir a buscar a mi novia, después de todo, esto será lo mejor para todos. Ramiro Los nervios de encontrar a Pilar con Luna y Sol van cediendo a medida que pasa la noche, sin dudas mi hermana tiene demasiado que explicar. No creo que sea ninguna coincidencia su novedosa vinculación con una Brauner, casualmente socia de los Pietrovsky. -¿A quién buscás? -pregunta Luna mirándome con las cejas levantadas, sin dejar de bailar en medio de la pista junto a mí. -A Pilar, me parece que estaba tomando demasiado y no parece estar acostumbrada -contesto con sinceridad. La veo asentir con un gesto que no logro descifrar. -Andá a buscarla. Si tanto te interesa, podemos volver cada uno por su lado -dice enojada. -¿Qué? ¿Estás celosa de esa chica? -pregunto con un verdadero gesto de asco que parece divertirla. -Bueno, convengamos que tampoco es fea -dice cruzándose de brazos. -No, es linda. Pero… no es mi tipo -respondo rogando que note la verdad en mis palabras, lo cual parece funcionar porque vuelve a colgarse de mi cuello y pregunta seductora. -¿Y cuál es tu tipo? -Pelo n***o, tez blanca, ojos grises, labios que parecen dibujados, y muy, pero muy muy muy buena en la cama -digo muy sugestivo, aprisionando su cintura con mis brazos para besarla sin pudor, sin importar que estemos en medio de la gente. -Me convenciste. Vamos a casa -dice resuelta, mientras gira para llevarme de la mano hacia la salida. Cuando llegamos a la puerta y salimos del lugar mis ojos se detienen en un auto n***o que se encuentra a unos metros, estoy seguro de que ya lo vi antes y todas las alertas comienzan a activarse. Memorizo la placa, marca y modelo para pasarlo a la división, porque si todavía no están al tanto, deberían ir verificando este móvil. Martín -Esa chica de allá no te deja de mirar, anda tranquilo, yo ya estoy bien -dice Pilar arrastrando las palabras. -No, la estoy pasando demasiado bien escuchando tus ocurrencias sobre las vidas pasadas -confieso con sinceridad, pero ella me golpea el hombro fingiendo enojo, aunque luego se descostilla de risa una vez más. -Te juro que es cierto, yo tengo un alma vieja, te juro -dice convencida. -Y yo una joven, ya entendí… -respondo repitiendo lo que hace solo unos minutos me explicó. Justo entones veo a dos amigas de Florencia, que me miran intrigadas. Recorro el lugar con la vista, esperando encontrarla, pero parecen esta solo ellas dos. -¿Qué pasó? Parece que viste un fantasma -pregunta Pilar, mirando hacia donde se dirigen mis ojos. -No es nada, solo que vi a algunas amigas de mi ex y pensé que ella también podía estar por acá -contesto con sinceridad. -Ahhh, ¿y hace mucho que terminaron? -increpa, dando justo en la tecla sensible de la noche. -No, de hecho fue hoy mismo… ¿Querés escuchar algo vergonzoso? -pregunto volviendo al tono burlón que venía teniendo nuestra conversación-. Ella me dejó -digo haciendo un gesto exagerado de dolor en el pecho. Pilar suelta una carcajada y da un trago a su jugo. -Me imagino lo que estas sufriendo -responde con ironía- ¿Querés escuchar algo vergonzoso? -sigue hablando, imitando mi tono. La miro intrigado y asiento con la cabeza, invitándola a seguir hablando. -A mí nunca me dejaron -dice, esta vez llevando a sus labios mi cerveza, la cual le saco ni bien puedo. -¿Por qué eso sería vergonzoso? -pregunto sin entender. -Porque nunca me dejaron, porque nunca tuve novio… -sigue explicando-, ni novia… -aclara sacándome una sonrisa-. Ni nada de esas cosas, en realidad -suelta con naturalidad. -¿Nada de nada? -indago pensando lo que eso puede significar. -Nada de nada -niega rotundamente y luego abre mucho los ojos y se tapa la boca con ambas manos-. ¿Por qué le estoy contando esto a mi jefe? No puedo evitar reírme y ella me sigue, contagiándonos mutuamente. Siento el flash de una cámara y miro instintivamente hacia donde vino la luz, para ver a unos metros a las dos amigas de Florencia. Lo primero que viene a mi mente es que quizás sería bueno darle algo de celos a mi ex, pero entonces recuerdo que ella ya sabía de mis otras conquistas y eso solamente la alejó. -Me parece que sería mejor irnos. ¿Sí? -la invito a levantarse mientras lo digo. -Bueno. Tendríamos que buscar a Sol y Luna -dice mirando hacia la pista. -Sol no se habrá quedado acá ni cinco minutos. Y Luna estaba muy entretenida con su guardaespaldas -replico mientras comenzamos a caminar hacia la salida. -Es verdad. Ella y Ramiro tienen algo raro -comenta Pilar al pasar. Cuando salimos del lugar, vemos a Luna y su acompañante caminando unos metros más adelante. -¡Ehhh! ¿Dónde van ustedes dos? -grita Pilar con todas sus fuerzas, y ambo se giran a mirarnos. La morena pierde el equilibrio por lo que la tomo de la cintura y la llevo así hasta donde está la pareja del momento. -No los vimos, pensamos que se habían ido -dice Luna sonriente, aunque el hombre parece mucho más enojado de lo normal. -Nosotros pensamos lo mismo -contesto con naturalidad. -Sol sí que seguro nos abandonó -comenta Luna hacia Pilar. -Qué mala, eso no se hace -afirma la morena con un puchero que me causa gracia, y hace que los tres nos riamos divertidos. -¿Quieren que los llevemos a algún lugar? -pregunta el hombre muy serio, señalando el auto. -Tengo una idea -dice Luna muy entusiasmada-. Vamos a lo de Sol. Se merece que la despertemos por habernos dejado. -¡Sí! Que divertido… -suma Pilar, mientras el otro hombre y yo nos miramos sin entender porque querrían hacer eso. -No me parece, creo que sería mucho ir a su casa -replica Ramiro. -No seas aburrido. Vamos, sí -me sumo a las chicas, sólo para hacerle la contra. Las chicas suben atrás y yo me siento adelante con mi nuevo compañero de farra como conductor. -Llamalo a Pablo. Que vaya también -dice Luna, sorprendiéndome con la idea. Es verdad que no supe nada más de él, y eso que prometió quedarse conmigo. -Dale, otro traidor que me abandonó -afirmo con fingido enojo. Llamo a mi amigo pero no atiende, así que le mando un audio. Mientras coloco música en el auto bajo la mirada enojada del guardaespaldas malhumorado. -Hijo de puta, me dejaste en banda. Estamos yendo a lo de Sol con Pilar, Luna y… Ramiro. Te veo ahí o el próximo al que le caemos en la casa es a vos. –Digo resuelto, para luego dejar el teléfono y disfrutar de la música, que junto con las chicas cantamos y bailamos divertidos. Pablo -¿Te quedás a dormir conmigo? -pregunta Clara, sacándose en cinturón de seguridad para bajar a su casa. -Estoy cansado, creo que mejor voy a dormir -miento sin saber que excusa poner para irme a pensar seriamente en cómo seguir con esto. -Bueno… ¿Y de bajar un ratito al menos, ni hablar? -pregunta seductora, mientras se acerca hacia mí, llevando una mano a mi m*****o, que no reacciona en lo más mínimo. -Perdón, las cosas en la empresa están difíciles, de verdad estoy muy cansado -replico alejando su mano y mirándola con gesto de disculpa. -Está bien. Que descanses, nos vemos mañana -responde con dulzura, para bajar y caminar hacia su departamento. Espero que entre y conduzco hacia mi departamento. Antes de bajar del auto miro mi teléfono para ver la hora, cuando encuentro una llamada perdida y un mensaje de voz de Martín. - Hijo de puta, me dejaste en banda. Estamos yendo a lo de Sol con Pilar, Luna y… Ramiro. Te veo ahí o el próximo al que le caemos en la casa es a vos -dice mi amigo, claramente todavía en plena fiesta. Pienso por unos minutos, pero las ganas de ver la cara de Sol cuando todos lleguemos y la encontremos con Agustín me hace decidir inmediatamente a seguir las indicaciones de su hermano. Llego al departamento de Sol y todavía parece no haber rastros de Martín y los demás. Cuando lo estoy por llamar, veo que el auto en que vienen con la música fuerte dobla la esquina y se estaciona justo detrás de mí. Bajo y me encuentro con un hombre de mi estatura, con mi mismo color de pelo pero la tez más oscura y espalda más ancha, lo que es bastante decir, porque destino muchas horas semanales al gimnasio. -Vos debés ser Ramiro -digo saludando al hombre, que parece sacado de una película muda, porque sin emitir palabra me tiende la mano y la aprieta con fuerza-. Pablo, mucho gusto. Sin responder abre la puerta de atrás, de donde bajan Pilar y la otra amiga de Sol. Martín cierra la puerta del auto y corre hacia mí. -¡Viniste! Que cagada, ya quería llegar a tu casa y comenzar a despertar a tus vecinos -dice con aire burlón y las chicas ríen. -Vamos… Sol se va a morir cuando nos vea –habla la amiga de Sol, que toma de la mano a Pilar y la arrastra tras de sí. Martín saca una llave y abre la puerta, entramos y subimos los cinco al ascensor. -Ustedes hacen muy linda pareja ahora que los miro -dice la chica en referencia a Martín y Pilar. Ambos se miran con las cejas levantadas y sueltan una carcajada, que la otra chica acompaña. Yo miro al otro hombre, que sigue muy serio y ahora parece incluso también enojado. Él parece notar mi mirada, porque posa sus ojos en los míos y yo levanto los hombros y niego con la cabeza en gesto de no entender a los otros tres ocupantes del espacio. Cuando finalmente la puerta se abre, Martín camina decidido hacia una de las cuatro entradas del pasillo y la abre, usando nuevamente una llave, como si fuera su casa. En el interior todo esta oscuro y por un momento espero escuchar gemidos provenientes de la habitación, completamente molesto de solo pensar que Sol puede estar con su novio allí. -Vayan a despertarla, nosotros hacemos algo para tomar -ordena Martín a las chicas, que se sacan los zapatos y caminan por el pasillo sigilosamente. Me quedo mirando hacia donde ellas van, mientras Martín y Ramiro se dirigen hacia la que supongo que es la cocina. Escucho unos gritos provenientes de la habitación y advierto que las chicas ya despertaron a la dueña de casa, porque hay muchas risas y cotilleos. Camino hacia el balcón rogando que Sol haya estado sola, y cuando aparecen en el living me quedo pasmado al verla en un camisón de seda muy corto, de un rosa pálido, que deja ver sus pezones erectos, delatando que no lleva ropa interior. Su mirada se cruza con la mía y la sonrisa se borra automáticamente de sus labios. En ese momento salen de la cocina Martín y Ramiro con una jarra con algo parecido a un jugo y todos nos sentamos en los sillones y el piso y comenzamos a tomar mientras Martín, Pilar y la otra chica hablan animadamente. Luego de unos minutos Sol parece más distendida, como si se hubiera olvidado de mi presencia. -Juguemos a un juego -dice la amiga de Sol. -No Luna, creo que ya deberían irse a dormir -contesta la dueña de casa, con gesto de súplica. -Sí -contestamos al mismo tiempo Ramiro y yo, y todos nos miran intrigados. -Dale, solo un rato -anima Pilar. -No sean aguafiestas, parecen dos viejos amargados -refuerza Martín. Ramiro y yo nos miramos y negamos con la cabeza. -Bueno, ¿Qué juego? -pregunta Sol con resignación. -Verdad o consecuencia -contesta Luna muy resuelta. -¿Y cuándo cumplimos los catorce? –se burla nuevamente la ogrita. -¿Cómo se juega? -consulta Pilar y todos la miramos intrigados. -¿Nunca jugaste a verdad o consecuencia? -indaga incrédulo Martín. La morocha niega con la cabeza y Luna y Martín comienzan a intentar explicarle al mismo tiempo, hasta que Sol interviene. -Basta, así no va a entender nada -dice con tanta autoridad que ambos se callan y la dejan explicar. La miro explicando las reglas a Pilar y nuevamente mi mirada viaja por su hermoso cuerpo, casi desnudo, que tan bien recuerdo cada noche. -Por ejemplo… A ver… -dice la rubia, pasando su mirada entre los presentes, cuando se junta con la mía cambia rápidamente al siguiente-. ¡Ramiro! ¿verdad o consecuencia? -No, yo no juego -dice muy serio el morocho, robándome la frase que pensaba usar si me tocaba en algún momento. -No se vale no jugar. Yo creo que vas a tener que hacerlo -replica Pilar mirándolo fijamente mientras bebe del contenido de su vaso. Ramiro parece nervioso y acepta rápidamente. -Está bien. Verdad -dice sin muchos ánimos. -¿Es verdad que tenés algo con Luna? -pregunta Sol muy resuelta. El hombre mira a Luna sin saber que contestar, pero ésta solo le sonríe traviesa. -No me mires a mí, tenés que contestar -le dice juguetona. -Verdad –responde entonces el hombre serio y todos ríen. Cuando le toca el turno a Martín me elije a mí, que me venía salvando al no ser elegido por nadie. -Verdad -digo sin mucha convicción. -Es verdad que… -piensa por unos segundos- ¿Te vas a casar con Clara este año? -suelta y todos me quedan mirando. -No, no es verdad -miento evitando un momento incómodo. -Bueno, te toca elegir a vos -dice Luna. -Sol -digo sin dudar. Ella levanta su vista hacia mí sorprendida. -Verdad -dice en voz baja, sin sacar su mirada de la mía. -¿Es verdad que tenés novio? -pregunto con firmeza. -Es verdad -contesta sin dudar. Inmediatamente siento que mi corazón se acelera y el odio comienza a invadir mi cuerpo. Me gustaría gritarle miles de cosas que me vienen a la mente en este momento. ¿En serio se ofendió tanto por mi relación cuando ella también estaba en una? No aparto mi vista de sus ojos, esperando que lea en ellos toda la bronca que me invade. -¿Qué?... ¿Volviste con Agustín? -pregunta Luna incrédula. -Sí -responde Sol con un suspiro, desviando la vista hacia ella. -¿Cuándo? -pregunta Pilar sin entender. -Hoy -dice Sol, volviendo a posar sus ojos en los míos. Agradezco mentalmente no haber podido cuestionar nada, porque sin dudas hubiera quedado como un tonto, pero el enojo igualmente no desaparece, de solo imaginarla con otro me siento más celoso de lo que había estado en mi vida. -Bueno, alguien tiene que elegir consecuencia o esto se pone aburrido -afirma Martín, y a medida que pasa el juego todos comienzan a hacer tonterías como cantar canciones, hacer poses vergonzosas o tomar todo el contenido de su vaso sin respirar. Luego de unas horas, por fin todos aceptan irse a dormir y nos despedimos ya con las energías completamente bajas. Cuando me despido de Sol aprovecho para llevar una mano a su cintura y dejo mis labios en su mejilla más de lo necesario. Me sorprendo una vez más de cómo el mínimo contacto con su piel despierta todos mis sentidos, y evidentemente también los suyos, porque la noto nerviosa y no puedo evitar advertir una vez más la tensión en sus pechos. Llego a mi casa y sin preámbulos, me masturbo, pensando en ella una vez más. Ramiro Ni bien llegamos al departamento de Sol me escabullo hacia la cocina, con la excusa de ayudar a Martín, pero en realidad me dispongo a consultar los pasos a seguir con Verónica. -Ya tenemos su ubicación, efectivamente el auto los siguió, quédense allí el mayor tiempo posible -indica contrario a mi sugerencia, de ir directo a la casa de ella. Sin más me limito a obedecer y colaboro con el rubio, haciéndome cargo de mi nuevo rol. Cuando salimos de la cocina, me vuelvo a encontrar con Pablo. Cada vez que lo veo, su expresión seria y recatada, que contrasta completamente con la de Martín, Pilar y Luna, me hace pensar que quizás tengamos más de lo que pensamos en común, después de todo es mi medio hermano. A medida que va pasando la noche no puedo evitar sentirme cada vez más identificado con él y mi decisión de mantenerlos completamente ajenos a mi vida flaquea imaginando que quizás si conociera a mi padre encontraría incluso más semejanzas que con él. Por lo que puedo entender de la situación, nadie sabe de la relación de Luna con Martín, a su vez éste y mi hermana parecen verse solo como amigos, lo cual me tranquiliza aunque no dejo de prestar atención a cada detalle con el ojo entrenado bien puesto sobre ellos. Finalmente, recuerdo lo que me contó Luna que sucedió entre Sol y Pablo y pienso que definitivamente hay más condimentos en esa historia de los que ambos conocemos. Cuando hacen referencia a que Pablo puede estar próximo a casarse, la tensión del momento aumenta considerablemente y me llama la atención que algunos, como por ejemplo Martín, ni si quiera lo noten. -Ya pueden irse -leo en un mensaje de Verónica, agradeciendo que por fin podamos terminar con esta pavada adolescente antes de que me toque hacer alguna ridiculez como la que en este momento están haciendo Martín y Pilar, al cantar a duo una canción infantil. Veo a mi hermana completamente divertida y distendida y agradezco que al menos este contexto me haya permitido compartir por primera vez una noche semejante con ella. Desde la muerte de nuestra madre no la había visto tan relajada y jovial como ahora está. -Bueno, creo que ya es hora de irnos -le digo a Luna, rogando que acepte. -Está bien -responde sin más, para sorpresa de todos-. Vamos, los llevamos -dice mirando a Pilar y Martín, mientras todos nos vamos incorporando. Llegamos a la vereda y Martín y Pilar van hacia el auto, conversando con liviandad, pero esta vez Luna se sienta junto a mí y ellos atrás. Los veo reír de algo que miran en el teléfono y me alivia pensar que aparentemente mi instinto no está fallando, y se ven solamente como amigos. Lo último que quiero es tener vinculada a mi hermana con mi familia biológica, por lo que tomo nota mental de que mañana mismo tengo que conversar con ella.
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