16. Centro turístico Michelle El camino está lleno de risas y anécdotas graciosas. El hotel envió una camioneta tipo van para recogernos, así que viajamos cómodos y relajados. Vero y yo nos sentamos en la primera fila, mientras que los chicos se acomodan atrás. Dylan, por su parte, ocupa el asiento del copiloto junto al conductor. De vez en cuando, siento su mirada sobre mí cada que hace un comentario. No sé si es casualidad o si realmente busca mi reacción, pero el cosquilleo en la nuca que provoca su atención me pone alerta. —¿Has estado aquí antes? —pregunta Vero de pronto. Niego con la cabeza y sonrío. —No, nunca. Es la primera vez que vengo. Los chicos comienzan a contarme sobre las veces que han estado en este lugar y lo mucho que se han divertido. Se nota en su entusiasmo que

