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1481 Palabras

Cuando llegaron a su apartamento, Lily solo tenía una consigna en mente: quédate y no huyas. Se quitó la chaqueta, encendió la luz principal y, como un príncipe, se acercó al botellero y sacó una botella. - Entra no te quedes ahí moya dorogaya parece una estatua. Comentó, agarrando dos vasos con tallo. Lily se quitó el abrigo y lo dejó en el perchero. - Es gracioso, siento que vengo por primera vez. Vladimir miró hacia arriba y la vio caminar de un pie a otro con nerviosismo. El sabor de sus labios seguía en los suyos, había sabido por algún milagro controlar sus impulsos para detenerse a tiempo. Si el sonido de la música no hubiera sido tan fuerte, Vladimir casi se habría olvidado de que no estaban solos. La imaginó viniendo hacia él desnuda y apretó las mandíbulas para transmitir e

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