La peor noticia.

2274 Palabras
SUMMER: (antes de mensaje a Dominico) Una vez mi madre y yo nos quedamos solas en la casa me retire a mi habitación, pero ella no tardo en seguirme e invadir mi espacio reprochando con energía lo mal que había tratado a Snyder. Fue una larga, muy larga cantaleta la que mi mamá tenía para darme, todo porque según ella, mi comportamiento dejo mucho que desear sobre el como me había educado. Lo peor es que ha pasado una hora desde que Snyder se fue, estamos sentadas a la mesa, cenando, y ella sigue con el mismo tema: Dominico. — Summer, ¿Te costaba mucho tratar mejor al pobre chico? —cuestiona mi madre antes de meter un bocado dentro de su boca. Ruedo mis ojos para dejar en evidencia lo cansada que me tiene con el tema pero ella lo pasa por alto, y con una de esas miradas asesinas que suelen tener las mamás cuando esperan conseguir una respuesta, exije que conteste de inmediato. — ¿Pobre chico?... Mamá Dominico no es un pobre chico. Es un idiota, un creído, y... un arrogante de lo peor —sentencio molesta dejando de lado los cubiertos y mi plato sin terminar. —¡Y te gusta! —dice con una sonrisita que me irrita aún más. —¡Já!... Si mamá, me descubriste. Lo amo en silencio desde la primera vez que lo ví —. Replico en un tono lleno de sarcasmo y con gestos muy exagerados. — Lo dijiste tú, no yo —continua con sus burlas infantiles sin dejar de lado su comida. — Mamá —, exhalo con fuerza— solo cenemos. ¿De acuerdo? —Si, si. Haré de cuenta de que no escuché la propuesta de matrimonio que te hizo—. Agrega de la nada. Al escuchar su declaración escupo el jugo que me estaba tomando y comienzo a toser hasta ahogarme. —¿Que escuchaste qué? — Ya sabes. Lo del contrato de matrimonio —me pasa una servilleta para que limpie un poco el reguero que deje sobre la mesa— Deberías aceptar. Me levanto de mi silla de golpe y la miro incrédula por sus palabras. —Estás bromeando...¿Cierto? —No. ¿Por qué bromearia? —se levanta de su asiento y comienza a recoger los platos de lo más normal— Me parece una buena oportunidad, él te gusta... tu le gustas, es como una rara oportunidad que les está dando el destino para que se conozcan... quien quita y les resulta todo en una buena relación. —¿Te estás escuchando, mamá? —Claro que lo hago. Es más, aún si nada se da entre ustedes, tendrás un muy buen empleo con un pago generoso que podrás invertir en lo que quieras. Él mismo lo dijo. —No lo puedo creer... ¿Me estás pidiendo que me venda? —¡Por supuesto que no!... ¡Qué dramatica! Coloca su plato vacío debajo del mío que aún contiene la mitad de mi cena, junta todos los cubiertos, los coloca sobre una charola vacía y continua levantando la mesa. — No soy dramatica mamá. —protesto con una voz más chillona de lo que quería. —Summer.... sé lo que te preocupa —deja lo que estaba haciendo, se acerca a mi y toma mis manos entre las de ella. —¿Ah sí? —Sí. Y no te vas a vender, él te está contratando porque necesita una esposa. —Si. Me vio cara de puta —libero mis manos de las suyas con brusquedad— y tú lo apoyas. —Summer, él necesita una esposa y tú un trabajo. — Wow... Debiste salir de la cocina en ese momento y sugerirle que pusiera un anuncio en el periódico solicitando una chica para vacante de esposa —comento molesta por su postura. Mi mamá señala las muletas que deje recostadas de la pared, muy cerca de la mesa y me mira fijo. —Esas de allí no te facilitará el trabajar como mesera, o en cualquier otra vacante que consigas. Es más, Dominico hablo de firmar un contrato, así que antes de acceder a cualquier cosa exige que se incluyan todas las clausulas que creas convenientes para ti. Supongo que él hará lo mismo. —Imagino, pero ese no es el punto mamá. —No. No lo es. El punto es que te preocupa que el contrato te oblige a intimar con él, por eso es que te molestas y me repochas... ¿O me equivoco? Mis cejas se alzan en sorpresa porque es exactamente lo que me preocupa. —Es cierto, me preocupa. —Nena, solo firma, pero no antes de asegúrarte que en una de las clausulas que se incluyan diga muy claramente: nada de sexo... O por lo menos no, si así no lo deseas —dice con picardía y me guiña un ojo. Me quedo pensativa, no es tan mala la idea si yo también puedo poner las reglas, además, mi rehabilitación parece que va a tardar más de lo que esperaba, o por lo menos fue lo que Jaan asomo sutilmente más temprano durante mi chequeo. —Viste... Ya te lo estás pensando —habla divertida. Niego un par de veces con mi cabeza. —No lo haré... No me casaré. Nunca me convertiré en la señora de Snyder —declaro decidida. —Jum... Ya te he dicho que nunca digas: de esa agua no beberé... —Ajá... Y tú sabes que no creo en supersticiones, mamá. —Ya verás, te vas a morder la lengua, te casarás y ambos van a terminar e-na-mo-ra-dos. —Ya quisieras, mamá. Pero eso nunca va a pasar. Dominico será muy lindo y todo, pero nunca se convertirá en el hombre con el que querré pasar el resto de mi vida. —Bien. Tú lavas los platos —me da la espalda y se aleja rumbo a su habitación. —Pero... ¿Por qué? —Por llevarme la contraria —rie—ademas, yo soy visita. —Pero yo estoy convaleciente —hago pucheros. — Si, e igual lavaras los platos. Te quiero, hija, pero muero de sueño. —¡Mamá!... No huyas, no me dejes lavar todo esto yo sola. —Ya no puedo escucharte —suelta con voz cantarina. Resoplo y me recargo de la mesa. —Ya que. Mejor hago esto rapido —. Me aliento resignada y agarro mis muletas ya que no puedo afincar mucho el pie del suelo. [...] Estoy terminando de organizar todo en la cocina cuando mi teléfono comienza a sonar con notificaciones de mensajes nuevos. Lo reviso y veo que no tengo el número registrado, pero por el fragmento del mensaje que se puede leer en la casilla que sale emergente en la pantalla bloqueada sé que es Dominico quien me escribe. — Y ahora que quiere este chiflado —suelto en voz alta a pesar de estar sola en la cocina. Reviso rápidamente y decido ignorarlo pues todo lo que quiere es convencerme de que firme su dichoso contrato de matrimonio. Seco mis manos, acomodo mis muletas y salgo de la cocina luego de apagar la luz. Voy directo a mi recamara, y en el trayecto me siguen llegando mensajes de Dominico; los leo todo por mera curiosidad y termino debatiendome entre si deberia bloquear su número o no. Unos segundos después me inclino por la segunda opción y solo silencio las notificaciones de su chat. [...] Anoche estaba tan cansada que no demore nada en quedarme dormida luego de ponerme mi pijama. En cuanto a hoy, me he despertado temprano, lo más sorprendente es que lo hice sin necesidad de una alarma, me arregle y ya estoy lista para ir a la consulta con otro traumatólogo. Tomo mi bolso de la cama y acomodo mis muletas, miro la hora en la pantalla de mi teléfono dándome cuenta de que son las siete de la mañana y debo salir de la casa enseguida. —¿Vas a ir a ver a Dominico? —cuestiona en lo que me ve salir de mi habitación. Ella está sentada en el sofá tomando su taza de café y viendo las noticias matutinas. —Buenos días para ti también, mamá. — Si, si... Buenos días Summer... Pero dime, ¿irás a verlo? Ruedo mis ojos y sigo mi camino hacia la cocina en busca de alguna fruta para llevar y comerla en cuanto me de hambre. —Summer... —me llama la atención por ignorarla. Detengo mi andar y me giro para verla aunque estamos algo lejos la una de la otra. —No voy a ver a Snyder, mamá. Voy a un segundo chequeo. —Ahhh...¿Con el tal Jaan? —inquiere con tono despectivo. —No, mamá. Voy por una segunda opinión. No es que no confíe en que Jaan este haciendo bien su trabajo, estoy segura de que lo hace, pero lo conozco y sé que me está ocultando algo. Necesito saber que tan grave es eso que no quiere decirme. —Ya veo — es lo único que comenta antes de dar un sorbo a su café. —Si... Por eso es que voy a ver a otro traumatólogo, es uno muy reconocido aquí en Berlín, y como resulta que es el padre de una de mis alumnas no fue necesario que agendara una cita. Solo tuve que pasarle un mensaje para ver si tenía disponibilidad, y dijo que si. Así que mejor salgo antes de que se me haga tarde —me voy a la cocina sin esperar a ver si tiene algo que decir. —Bien... Suerte, te quiero —grita desde la sala de estar. —Yo también te quiero mamá —grito de vuelta después de agarrar un par de manzanas de la canasta de frutas que siempre tengo sobre la isla de la cocina. [...] Son las once de la mañana y sigo en la sala de espera del consultorio del traumatólogo, aburridisima y comiendo ansias porque el doctor Schneider no me dijo nada. Solo me chequeo en silencio, haciendo uno que otro gesto que no logré descifrar, luego ordenó una serie de placas para mi rodilla y le pidió a una enfermera que me guiará al área de espera mientras llegaban mis resultados. Y aquí estoy desde entonces, esperando a que me llamen de vuelta. Veo por enésima la hora en mi reloj de muñeca y suspiro cansada cuando me doy cuenta de que llevo aquí casi todo la mañana. —Summer Contreras —escucho la voz de la enfermera llamarme. Alzo mi mano después de responder con un: "aquí", y con dificultad, acomodo las muletas bajo mis brazos para después caminar de regreso al consultorio del doctor. —El doctor la espera adentro —me hace saber la enfermera mientras me indica con la mano que pase. Asiento entendida, avanzo y ella cierra la puerta tras de mi. —Tome asiento por favor —me acerco a la silla y hago lo que me pide— Bien señorita Contreras, seré directo. —Se lo agradezco doctor. —Como puede ver aquí —señala un punto en los rayos x— su rodilla quedo muy afectada a causa de la lesión que tuvo. En mi opinión, va a necesitar una intervención quirúrgica, de lo contrario es bastante probable que le duela severamente, e incluso, podría tener problemas para caminar sin la ayuda de un bastón. —¿¡QUÉ!?... NO, NO, NO... Pero esto no puede ser posible... ¿Cómo se supone que volveré a bailar?... —hablo hiperventilando un poco más con cada palabra. El doctor frente a mi me ve con pesar, se levanta de su silla, rodea su escritorio y llega hasta donde yo estoy sentada. —Con respecto a eso —, levanto mi mirada llena de terror por las noticias que se avecinan— lamento mucho decirle que, aunque se someta a la cirujía y está salga exitosa, aún así... No podrá volver a bailar... Por lo menos no profesionalmente. Lo que me temía... Es exactamente la noticia que temía, quería estar equivocada, pero lo intuí cuando Jaan me miró de la misma manera en la que lo está haciendo ahora el doctor Schneider... Con lastima. No puedo evitar que mis ojos se ahoguen en lágrimas, pero las retengo cómo puedo para que no escapen rodando libremente por mis mejillas. Nunca me ha gustado que me vean llorar, es una debilidad que nunca me he permitido y no lo cambiaré ahora. Respiro profundo, cierro mis ojos para recuperar la compostura y una vez me siento lista, y que estoy segura de que mi voz no se quebrara, abro mis ojos y miro al doctor. —Le agradezco mucho toda su sinceridad. Supongo que Ágata tendrá que conseguir otra instructora —apenas sonrió con tristeza y el doctor me imita. —Si... Lo siento. —No tiene porque doctor, usted no daño mi rodilla, fui yo y ahora tengo que aprender a vivir con eso... Y fuera del escenario —aclaro mi garganta— pronto le estaré contactando para programar esa cirujía de la que me habló. Lo menos que quiero es lidiar con un bastón junto con el no poder continuar con mi carrera dentro de la danza. —Claro, ya tiene mi número. —Bien, no le quitó más su tiempo doctor — me levanto de la silla y acomodo mis muletas— le da mis saludos a su hija. —Con gusto —. Contesta amable antes de acercarse a la puerta para abrirla para mi.
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