Las invitaciones han llegado

1284 Palabras
La mañana comenzaba con el reencuentro de Elize con Ezra y éste despertándola en el departamento cerca de Buckley. —Mi amor, despiértate—comenzaba Ezra anunciando su regreso después de haberse ido a ver a sus amigas brujas en búsqueda de respuestas. Elize apenas abre los ojos se abalanza sobre él. —¡Mi amor! ¿Que tal te ha ido? Digo, con las brujas. —Primero dile al mortal que hospedamos gratis que haga un buen desayuno porque Sasha dice que está aún en Francia en un vuelo y que no regresará hasta más tarde. —¿Francia? ¿Crees que se haya encontrado con Enzo? —Que no te importe, Sasha es sensible y Enzo es escurridizo, así se hubieran visto, no le sería tan fácil a los originales tomar por sorpresa a Enzo. Elize arqueó los ojos. —Lo sé. Iré a despertar a Matyas. Una vez todos se encontraban en la cocina, Matyas cocinaba un omelette bostezando. No era un buen cocinero ya que solo tomaba proteínas y sabía cocinar exclusivamente lo que su entrenador le marcase, aunque Ezra se conformó con el omelette y un poco de leche. —¿Que te han dicho las brujas? —insistió Elize. —Que prácticamente ésto nació después de la tragedia de Salem. Como venganza, ocultaron un arma mortal de vampiros que nacería una vez cada mil años. Pero no es de conocimiento popular entre vampiros porque los originales lo ocultaron y porque cada vez que nacía un humano con la cura, prácticamente lo desaparecían. —Wow, eso es mucho, amigo—dijo Matyas sorprendido. —Créeme que no para los tiempos de un inmortal. —Entonces, cada diez mil años, los vampiros peligran—comentó Elize repasando. —Exacto—afirmó Ezra. —Y entonces, eso significaría que Enzo sabía que existiría alguien como yo y por eso me buscaba. —Sí, pero no sé como supo que eras tú. De todas formas, no es una maldición, las brujas ofrecieron asilo si los originales nos persiguen. Incluso hechizos para hacernos mortales ante ellos. —Para hacerte mortal a ti, dirás—corrigió Elize. —Como sea, el problema es que las brujas se han mantenido alejadas de esto. Solo los originales podrían saber lo que hicieron con las demás como tú. —Yo digo que nada bueno—espetó Matyas. Elize se llevó los ojos al suelo. —Entonces, mis únicas opciones es volverme vampiro o confiar en las brujas. —Hay algo más, no lo entendí, pero ellas lo llaman como un poder supremo, dicen que es tan grande que hasta las reglas de los mismos originales deberán respetar como acuerdo de peso. —¿Y eso que es? —preguntó Elize. —Cuando un alma se sacrifica por la cura y la cura renuncia a ésta, ambos serán considerados mortales divinos o algo así. —Y luego te hacen una estampa y te rezan—rió Matyas. —Como sea, no pregunté demasiado porque lo que sé de conceptos similares ha sucedido con híbridos, mitad vampiros y mitad humanos, aunque no es esto. Elize reposó su cabeza en su mejilla dubitativa. —Nos ayudaría mucho saber lo que Enzo sabe. —¿Sabes que creo, mi amor, que en realidad ayudaría? Es esto—dijo Ezra dejando en la isla de la cocina las invitaciones al desfile de la colección de Danielle, donde había invitado a Catherina, a Elize, a Ally y a Theodora como modelos. —¿Theo irá? —preguntó Matyas al leer su nombre. Elize asintió con la cabeza. —Todas prometimos asistir. Era el trabajo en el que Danielle ocupaba su mente en sus últimos días. —¿Y podré ir yo? —preguntó reticente Matyas. —Sí tonto, que los originales no vigilan humanos. —¿Ezra asistirás? —Sí, esto es para honrar a Danielle y mi novia será modelo, es probable que asistamos con Sasha para cuidarte—le contestó Ezra. Elize abrazó a Ezra y por primera vez, estaba viviendo un evento normal, fuera de lo que era el mundo de los vampiros, y eso la entusiasmó. —Debo llamar a mi familia para avisarles, el evento es en París, no sé si podrán costearse algo así—comentó ella. —No te preocupes, yo me ocuparé de eso. Todos iremos a París para el evento—aseguró Ezra. —¿Me llevarás a mí también? —preguntó riendo Matyas. —No era mi prioridad, pero lo haré—aseguró Ezra. Cuando Sasha regresó, apenas se encontró a todos festejando con las invitaciones en la mesa. —No me digas, la colección de Danielle. —¡Sí! —espetó emocionada Elize. Sasha no quiso arruinar la velada y esperó que todos durmieran para poder hablar con Ezra. Elize se había tomado fotos con las entradas haciendo promoción al evento, estaba contenta con ello e instantáneamente les habló a las demás para preguntarles si irían, aunque solo respondió Theo, lo que le dio pie a que Elize se tomara fotos con Matyas y las entradas y la etiquetaran en i********:. Luego de cenar, ambos se durmieron. —¿Y Elize? —preguntó Sasha. —Durmiendo. ¿Y el troglodita deportista con esteroides? Sasha echó un suspiro de cansancio. —Se durmió en mi cama el muy maldito. —¿Sabes que previne que decorases tu habitación con nada útil? Así que te tengo una cama de agua. —Oh, bueno, eso me servirá. ¿Tan aburrido me tienes? —dijo riéndose Sasha. Ezra solo tomó sus cigarros y salió a la escalera de emergencias para fumar. —Sabemos que no eres de las citas casuales pero no quería llevar esta conversación. Sasha se rió y salió a acompañarlo unos escalones más abajo y Ezra aprovechó para sacar el tema a colación. —¿Estuviste con Enzo en Francia? —Sí, la cura le ha hecho mal. —¿Cómo que le ha hecho mal? —No lo sé hermano, comenzó a envejecer muy rápido. —Eso no había sucedido antes—dijo pensativo Ezra. —Él dice que sí, pero que nosotros no lo sabíamos—comentó Sasha. —Pues será su culpa por no habernos contado sobre los descubrimientos de la cura antes—dijo Ezra en su defensa. —No seas tan duro, Ezra. Es mortal y debe cuidarse el pellejo no solo de los originales sino también de sus proveedores. —Como sea, ¿te ha hablado de Elize? —Por encima. ¿Porque? —Me he reunido con las brujas de Salem y dicen que alguien como Elize nace cada un millón de años y si es así, ¿que ha pasado con las demás? ¿Las que nacieron antes que Elize? —¿Crees que los originales nos mintieron? —No lo sé, pero ¿porque no? Creo que a estas alturas es más conveniente preguntarle a Enzo, él sabía de Elize antes que ellos. —¿Porque lo habría de ocultar? Es tan misterioso con sus asuntos...—comentó Sasha en voz alta. —¿Te sorprende acaso?—preguntó Ezra llevándose el cigarrillo a la boca y con la mirada en la nada. —No, pero entonces la próxima vez que lo vea tendré que ser duro con él para sacarle información y no es algo que quisiera. —Pues no queda de otra—espetó Ezra. Ambos dejaron que el silencio de la noche se prolongase, y aunque Ezra fuera más duro que Sasha, en realidad también le preocupaba lo que sucedería con su hermano, pero tenía que saber lo mismo que él sabía si quería ayudar a mantener viva a su novia.
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