Elize seguía internada mientras que en la sala de espera se gestaba un ambiente disperso, los padres de Elize, por un lado, enojados y con culpa de haber dejado que su pequeña se fuera tan lejos, y por otro lado, los chicos que incluían Sasha, Ezra y Matyas.
—Quizás debí estar con ella—decía Ezra viéndola a través de la vitrina en voz alta.
—No hubiera cambiado en nada, ya oíste al doctor, esos no eran sus medicamentos—comentó Sasha.
Y era verdad, Ezra trajo una muestra de la medicación de Elize y el médico comentó que no eran esos los que se habían encontrado en el cuerpo de Elize. Por eso mismo, sus padres pensaron que quizás Elize había comenzado a drogarse con otras cosas con los chicos.
—¿Quien podría hacer algo tan ruin? Digo, de cambiar los medicamentos de Elize—comentó pensativo Matyas.
—¿Alguno de los originales? No, no creo que se manejen de esa manera—espetó Sasha.
—No sabemos como se manejan, en realidad, a estas alturas no confío en nadie—secundó Ezra.
—Iré a ver a Elize—comentó Ezra mientras que a la par pasaba saludando cordialmente a los padres de Elize.
Claro está que sus padres aún no sabían que Ezra era la causa principal de los desviaros mentales de su hija y de su última bocanada de pastillas. Éste se sentó en un asiento frente a la cama de Elize y aunque ella no lo oye, él comienza a hablar.
—Sé que no he sido un buen novio, pensé que habías cambiado y ahora sé que no era tu medicación en realidad, debí haberme dado cuenta, pero no lo hice...también sé que yo te orillé a esto, que generé que te vuelvas una adicta, sé que te dejé sola en el momento que más me necesitabas y no al revés—dijo mientras se le caían las lágrimas—.Comenzaré a escribir cartas, sé que eso es más propio de Sasha que de mí pero en el último tiempo pensaste que no te amaba y yo te amo con mi ser, Elize—dijo tomando su mano con desdén—.Te amo aunque estés así y ahora sé que de esto se trata la mortalidad, de estos sustos, de seguir intentándolo y aunque todo parezca estar mal, seguir aquí, para ti...
Mientras tanto, Sasha se acercaba a los padres de Elize para hacerlos compañía.
—Señor, señora...—dijo mientras tomaba asiento junto a ambos. Su padre le sonríe complaciente, después de todo, Sasha siempre había sido el preferido de él.
—Esto no debió suceder, pero no sabíamos que alguien le cambió las pastillas...—inició la incómoda conversación Sasha.
—Si ella hubiera estado en casa, nadie hubiera cambiado sus pastillas. ¿Quien puede odiar tanto a Elize?—refunfuñó su madre.
—Lamento decirles que sí—espetó Sasha para sorpresa de ambos, los padres de Elize se miraron al unísono.
—¿Crees que nuestra hija hubiera corrido el mismo peligro en el pueblo, estando en su hogar?
—Aún peor. No quiero ser yo quien deba decirles, si Elize no les ha comentado nada al respecto mantendré su voluntad por respeto.
—¿Aún cuando la han dejado así?—inquirió el padre—.Y yo creía que eras el más sensato...
—Solo me acerqué para decirles que tienen una hija única y especial, que eso no ha cambiado.
—Ha perdido el semestre, ha perdido el control de su medicación, no se ha dado cuenta que se ha estado drogando con algo distinto, quizás fue decisión suya. ¿Y dices que sigue siendo la Elize de siempre?—preguntó asidua su madre.
Sasha miró al suelo cabizbaja.
—Supongo que las malas acciones no cambian a los hijos.
—¿Y que se supone que hacen?—preguntó el padre reticente.
—Pues, los confunde. Lo que deben hacer con lo que quieren hacer. Las personas pueden ser buenas y costarles trabajo en ocasiones la parte de obrar de la misma manera que piensan.
—Ella es una adulta—espetó su madre.
—Una adulta que ha sufrido pérdida, que no ha llevado una vida normal y Dios sabrá porque quería suicidarse con tanto empeño.
Sus padres hicieron un silencio sepulcral. No respondieron al respecto.
—Mi punto es que, no sean duros con ella. No es su culpa la sobredosis—continuó Sasha.
—¿Y de quien no si más?—inquirió el padre.
—De gente que quiere hacerle daño. Es posible. Existen personas así en el mundo.
—¿Alguien que quiera hacerla daño y fuera tan cercana? ¿Sino, como sabría que se medicaba?—insinuó su madre.
—Les diré algo, Elize no hizo amigos en Buckley, pero sí hizo enemigos y no fue su culpa.
—¿Cómo enemigos? ¿Porque alguien odiaría a Elize?
Sasha carraspeó.
—Teníamos un tercer hermano...
—Enzo—atisbó a decir la madre.
—Exacto. Él era bien portado y bien parecido pero detestaba a Elize. Incluso hizo que Catherina decidiera entre Elize y él.
—Pero Catherina falleció...
—Mi hermano también. Lo que intento decirles es que hay más detrás de lo que creen comprender.
—¿Quieres decir que alguien le hizo esto a mi pequeña por venganza?—inquirió la madre de Elize.
—Llamé a Ally, creo que nos ayudará. Llegaremos al fondo de esto, no se preocupen.
Su padre echó un suspiro.
—¿Entonces tu hermano no tiene nada que ver?
—¿Ezra?
El padre asintió con la cabeza.
—Ezra es la persona más humana que conocerán, solo discutieron, como lo hacen las parejas.
—Está bien, lucir sospechoso no te hace serlo—dijo finalmente el padre.
—¿Deberíamos denunciar el cambio de pastillas? Considerando que es un intento de homicidio—preguntó su madre a continuación.
—Sería de gran ayuda, sí.
Sasha inclinó la cabeza con gesto cortés y volvió a su asiento junto a Matyas.
—¿Que te dijeron?
—Básicamente que sospechaban que Ezra era una mala influencia para Elize.
—¿Y eso no tendría sentido? No quiero ponerte en contra de tu hermano pero él sabía de las pastillas...
—Si hubiera querido matar a Elize no la hubiera llevado a un centro de rehabilitación—dijo Ezra apareciendo.
—Los padres de Elize denunciarán el cambio de pastillas—comentó Sasha poniéndolo al corriente.
—Que lo hagan, aunque no creo que resulte en algo si es obra de los originales.
—¿Crees que los originales trabajan de esta forma?—preguntó reticente Sasha.
—No sabemos como decidieron sobre el resto de los mortales que tenían la cura. ¿Como los eliminaban? Conocemos como eliminan inmortales, ¿pero mortales?
—¿Crees que debemos investigar?
—Es bastante peligroso—dijo pensando en voz alta Ezra.
—Quizás esta idea te guste menos, pero es más efectiva—secundó Sasha.
—¿Cual?
—Mamá. Es una original, ella más que nadie tendrá información.
Ezra lo miró, y aunque dudó, no tenían muchas alternativas para salvar a su amada. Necesitaban respuestas rápidas.