Ezra llevó a Elize en el avión privado que normalmente usaban para emergencias y viajes rápidos, Elize durante el viaje sin embargo no dejó de sentirse triste y divisó cuando llegaron a su pueblo lo que la llevó a preguntarse el porqué de que estaban allí, aunque pensó que podría tratarse de una sorpresa en el penthouse.
—¿Iremos al penthouse? ¿Y si Enzo está allí?
—No Elize, no iremos al penthouse. Iremos a tu casa.
—¡¿A mi casa?! ¡Por Dios, no quiero ver a mi familia!
—¿No quieres ver a tu familia? —le replicó Ezra con gesto raro.
—Sí la quiero ver, pero pasaron muchas cosas. Cada vez que los veo siento que les tengo que mentir otra vez y no quiero seguir haciéndolo.
—Pues tendrás que hacerlo una vez más, porque te tengo una sorpresa allí.
—¿A quien se le ocurre guardar una sorpresa en mi casa?
—A mí, no me recrimines jovencita—dijo llevándola por los hombros hasta su casa.
Ezra apenas tocó el timbre, el padre de Elize los recibió.
—¿Elize? Te hacíamos desfilando en la colección de Danielle. ¿Que haces aquí?
Lo cierto es que los padres de Elize no iban a aceptar el vuelo a París de parte de los chicos, no podrían costearlo tampoco y no sabían que eran ricos ni que el dinero les importaba un bledo, entonces solo se limitaron a esperar a su hija a que llegase al pueblo para felicitarla, pero no se imaginaban que lo haría esa misma noche.
—Fuimos, pero ya estamos aquí otra vez, queríamos pasar por su casa porque el desfile causó una vorágine extraña en Elize.
—¿Porque no fueron al desfile? —inquirió ella adentrándose en su casa finalmente.
—No queríamos deberles dinero a los chicos y además pensamos que estarías en buenas manos. ¿No fue así? ¿Nos hemos equivocado? —preguntó su madre tomando asiento.
—No, solamente que me hubiera gustado tenerlos allí. Estaba en el desfile y lo único que se sentía real era el propósito, Theo no estaba muy a gusto y pasé muy poco tiempo con ella, Ally ni siquiera se presento y aunque el evento fue exitoso creo que la charla más profunda terminé teniendo con los padres de Danielle...
—Ohh, cariño, es porque ellos más que nadie sienten su pérdida.
—No perdí solamente a Danielle, mamá...
—¿Lo dices por Catherina?
—Y quizás porque también se siente que he perdido a Ally aunque esté viva.
—Nena, no te sientas mal por la melancolía, eso solo demuestra que eres una chica sensible. Y en ocasiones, la sensibilidad puede ser algo bello y otras un problema con el que deber lidiar, como en situaciones como éstas.
Ezra solo silenciaba el momento tomando asiento en las sombras de la escalera.
—¿Quieres pasar la noche aquí?—inquirió su padre. Elize buscó la irada de Ezra pensando que éste se negaría en vista a lo peligroso que era quedarse allí con los originales rondando, pero él asiente con la cabeza.
Así que ella se acercó para murmurarle si estaba seguro.
—¿No es peligroso quedarnos? —preguntó ella en voz baja.
—Creo que necesitas una noche con tu familia, Elize. Montaré guardia, no te preocupes.
—Les puedo cocinar algo—interrumpió su madre—¿Que les gusta comer?
Elize se dirige a tomar asiento junto a su padre.
—Solo quiero pizza.
—Está bien, llamaré al lugar que siempre pedimos.
—¿Pizzas Tony? —preguntó su padre?
—¿Que es Pizzas Tony? —preguntó Ezra incorporándose al living.
—Son un negocio familiar, pero en realidad no la están pasando muy bien. Tony tuvo un problema de salud y su familia ayuda a que el negocio siga funcionando—comentó su padre.
—¿Cómo te está yendo con Buckley? ¿Ya hiciste amigos? —preguntó su madre entusiasta.
Elize no podía decirle que había perdido el semestre, así que tuvo que añadir una mentira más a la lista.
—Algo así, oye pa, ¿dónde vive el de pizzas Tony?
—Supongo que en la dirección de su local, ya que es un negocio familiar.
—Entiendo.
—¿Porque preguntas?
—No recordaba a Tony, eso es todo. Y es bastante triste lo que le sucede.
—No pienses en esas cosas cariño, ¿te gustaron los diseños de Danielle?—cambió de tema su madre.
—Sí, sus padres hicieron unos arreglos para mezclar la inspiración de Danielle con las tendencias actuales, lo cual creo que no fue tan difícil porque está de moda lo vintage.
—Elize, ¿podemos hablar? —dijo de la nada Ezra.
—Sí, ehm, ¿nos avisan cuando está la comida?
—Sí cariño, vayan—dijo su madre con gesto alegre.
Ezra la llevó al patio y Elize solo podía pensar en lo que le había sucedido a Tony, tanto que luego, recordó lo que Ezra le estaba apuntando.
—¿Recuerdas lo que enterramos allí?
—La caja de los recuerdos, claro que la recuerdo, yo la hice, animal.
—¿No querrías verlas una vez más a todas juntas como querías en el desfile?
Elize cruzó los brazos.
—Sí, pero ellas ya no están Ezra. No tiene sentido.
—Claro que tiene sentido—respondió él—.Lo que no tiene sentido es que hagas una caja de recuerdos que luego no quieres desenterrar porque ya nadie allí está presente.
—Quizás por eso deben estar enterradas...
Ezra hizo caso omiso a lo último dicho por Elize y fue a desenterrar con las manos la caja.
—Ezra, luces como un perro y segundo, luego tendremos que comer.
—Existe algo que se llama lavarse las manos. ¿Sabes?—dijo sin parar de apartar la tierra hasta que comenzó a vislumbrarse algo.
Allí estaba, parecía que la había enterrado más profundo pero no, allí estaba la caja de aluminio de pan navideño, Ezra la sacó y le quitó la tierra de encima.
—Tú debes abrirla—dijo extendiéndola.
—¿Porque yo?
—Porque tú la hiciste. ¿Buscabas algo emotivo, Elize? Esto es emotivo, no un desfile lleno de flacuchas y reflectores. Será triste, pero son y siempre serán parte de ti.
—Como en esta caja, supongo—dijo Elize contemplando el artefacto.
—Ábrela—insistió Ezra.
Elize abrió la caja y todo se encontraba allí, la fotografía polaroid que había impreso Ally un poco arrugada, la colonia nueva que usaba la abuela de Catherina con algo de polvo, el papel del primer diseño de Danielle algo sucio, la placa sin lustrar del padre de Sasha, el anillo ya sin brillo de la familia de Enzo, la chapa hecha collar de la perra de Ezra con un poco de polvo, todo estaba como lo había dejado. Y aunque parecía que había pasado tanto tiempo, solo habían pasado dos años y medio.
—Siento vergüenza que mi pluma de peluche sin tinta esté aquí, rodeada de cosas tan importantes.
—Recuérdate como en esa foto, feliz. Solo así tendrá sentido seguir, solo así seguirá valiendo este momento, esta historia que contaste con esta caja.
A Elize comenzó a rodarle un par de lágrimas y se apoyó en el pecho de su novio.
—Gracias Ezra, al final, tú me ayudaste a enterrarla y ahora a desenterrarla.
—No te entusiasmes, solo era para que la recuerdes, no hay porque volver a desenterrarla.
—¿Porque? La mitad ya ni siquiera está o se relaciona.
—Por eso justamente. Para inmortalizar lo que alguna vez fue diferente—espeto él volviendo a dejar la caja en su lugar.
Elize quedó en silencio viendo como su novio volvía a tapar sus recuerdos hasta que sus padres llamaron a avisar que la pizza había llegado. Solo pudo pensar que en todas las partes que alguna vez se sintió apenada, Ezra estaba para salvarla.