Mateo mantuvo sus ojos en ella, recorriéndola, analizándola, como queriendo comprobar si realmente era ella, sintiendo el golpe del pasado contra su pecho. Emely lo miró a los ojos, sintiendo una mezcla de extrañas sensaciones dentro de su ser. Se juró que cuando se encontraran nuevamente no sentiría nada, absolutamente nada, pero no era posible. Sobre todo, sentía la indignación y una fuerte sensación de desprecio. Sintió una fuerte mano posarse en su hombro, no tuvo que ver para saber que era Bruno, brindándole apoyo. —Buenas noches —dijo Mateo. —¡Hija mía! —Liliana se puso en pie y fue hasta ella para abrazarla. —Qué bueno verte, madre —le dedicó una linda sonrisa. —No imaginé verte después de tantos años —La voz de Mateo mostraba asombro. —Cosas del destino —El tono dulce con el

