Emely no se bebió la leche que le habían dado porque desconfió de Valeria y de las intenciones que tenía para darle eso, se quitó el vestido y saco de su mochila un fino camisón de seda porque siempre debía dormir con una ropa diferente a la que usaba, pero no se pudo dormir a pesar de haberse recostado en aquella gran cama de cálidas sábanas que la abrazaron apenas cayó en ellas y se quedó contemplando aquel alto techo de madera, una parte dentro de ella le decía que debería irse, aprovechar la oscuridad de la noche y escapar a algún lado donde pudiera ser bien recibida, donde le dieran ayuda sin paga, ayuda sincera.
Se sentó en la cama comenzando a sentirse agitada porque tenía tantas preguntas y tan pocas respuestas que sentía que la cabeza le iba a reventar, pasó años soñando con salir de la abadía, pero ahora que estaba afuera no sabía qué hacer y tampoco en quien creer, su único amigo de años o esos desconocidos que acabaron con todo lo que conocía. Emely se encontraba en la encrucijada de lo desconocido, su mente se sumerge en la confusión como un barco perdido en la neblina navegando hacia una nueva dimensión que era tan grande que le causaba terror, tenía un mundo por descubrir, un lienzo en blanco donde sus pensamientos se enredan como hilos, enredados en el laberinto del cambio que debía seguir desde esos momentos en adelante y es que estaba completamente sola, las preguntas brotan como flores silvestres en medio de un campo seco y eran sin respuestas claras, sin dirección, la incertidumbre se convierte se estaba convirtiendo en una sombra oscura sobre ella mientras enfrentaba esta nueva situación.
Se levantó la cama y se volvió a poner su vestido oscuro, no quería quedarse en ese lugar, eran tantas cosas cruzando de un lado a otro y las paredes de un cuarto ancho comenzaban a cerrarse a su alrededor, casi sale rodando por las escaleras de lo rápido que bajaba y procuraba no hacer ruido, pero era solo una niña inexperta que no contaba con la experiencia de las personas que dormían en esa casa. Zoe estaba en la sala, vigilando que no fuera a escapar y como era una bruja sabía perfectamente lo que pasaría, pero apenas se pudo contener la risa al verla tropezarse tan torpemente, había dejado todas las puertas sin seguro y Emely fue tan decente que salió por la puerta principal provocando que las alarmas se dispararán. Emely salió disparada de la casa porque Zoe no era la única que estaba vigilando, afuera estaban Alejandro y Simon haciendo guardia en los alrededores, iban doblando la esquina de la casa cuando la vieron bajando las gradas en puntillas, ella los vio al igual que ellos y sin decir nada salió corriendo.
– Espero que estén en forma. – Zoe salió de la casa con una sonrisa divertida.
– ¡Ya valió v***a! – Alejandro soltó un suspiro pesado.
– Dile a Liam que vaya por ella. – dijo Simon sin ganas de ir por ella.
– Anoche hizo la guardia, esta noche les tocaba a ustedes y apúrense que la niña es rápida. – se recostó en el pilar de la terraza.
– ¡Esto tiene que ser una puta broma! – Simon se rasco la cabeza, estando en la madrugada sólo con Alejandro no necesitaba usar el pasamontaña.
Los dos hombres tuvieron que correr tras Emely, pero correr como si la vida dependiera de eso porque la rubia era rápida, su vestido flotaba con el viento de la madrugada que comenzaba a aclarar, Zoe no se pudo contener más tiempo la risa porque la vio correr de un lado para otro mientras aquellos hombres la perseguían y no lograban ni siquiera acercarse, corrió hacia la izquierda por aquel campo plano de dos kilómetros y se regresó cuando lo vio cercado, pero Alejandro no frenó a tiempo y se estampo contra la barda de madera yéndose de cabeza hacia el otro lado, Simon tuvo que agarrarlo del pantalón para devolverlo a ese lado y seguir corriendo.
– ¿No deberíamos ayudarlos? – preguntó Liam que se despertó con el sonido de la alarma.
– Tráeme el rifle. – pidió Zoe al ver a Oleg asomar por la puerta.
– ¿Le vas a disparar? – preguntó Efraín.
– Se que está mal jugar tiro al blanco con las personas, pero necesito que duerma por las siguientes dos horas antes de que amanezca. – por suerte Oleg llego rápido con lo que le pidió.
– Se le acaba de cruzar entre las piernas a Simon. – Liam comenzó a reírse por ver la escena.
– Parece mentira que sea tan rápida con ese vestido tan feo, pero pronto la vamos a poner a dormir. – Zoe apoyó el arma en su hombro para enfocar la mira.
– ¡Que porrazo! – los cuatro despiertos detrás de Zoe sintieron el golpe que se dio Simon contra una roca.
– Uno, dos, tres... – enfocó la mira – Vamos a poner a dormir a esta niña revoltosa. – apretó el gatillo.
– ¡Justo en el pecho! – Valeria dio un aplauso efusivo.
– ¿Por qué no hiciste eso antes chingada madre! – le gritó Alejandro viéndola tirada en el pasto.
– ¡Tráela y deja de estar chingando! – Zoe se dio la vuelta y volvió adentro de la casa.
– ¡Carajo, nos hizo correr a lo pendejo y todo por querer divertirse! – el hombre estaba enojado por todo el desmadre que les hizo pasar.
– Ya sabes cómo es el Cuervo, le gusta divertirse con nosotros. – Simon largo un suspiro pesado.
– Levántala tú, me duele la cadera después del fregadazo que me di. – comenzó a caminar hacia la casa de nuevo.
– ¿De verdad me vas a dejar este paquete a mí? – Alejandro no le respondió la pregunta y entonces Simon le dio un puntapié suave a Emely que estaba completamente noqueada.
Se agacho y se la hecho al hombro cual costal de papas antes comenzar a caminar hacia la casa donde lo estaban esperando el resto de los miembros que con sonrisas en los labios lo veían acercarse a ellos y los apartó de un empujón porque le estaban haciendo estorbo, la subió a su cuarto y con ayuda de Zoe le quitó la mochila antes de lanzarla a la cama a lo que la mujer le metió un par de puñetazos en el brazo por ser bruto.
El sol salió y Emely se mantuvo dormida hasta las ocho que fue el momento donde se sentó en la cama de un solo brinco, parecía una pesadilla el haber despertado en el mismo cuarto de donde escapó, pero no se iba a dar por vencida, esa noche lo volvería a hacer, sin embargo, no saldría por la puerta principal y pensó que era mejor brincarse por la ventana; bajo de la cama y dejó los ojos fijos en la silla de un lado, había ropa muy diferente a la que ella usaba y se dejó llevar por la curiosidad porque por primera vez tenía un sostén en sus manos, un pantalón de mezclilla y una camiseta eran las otras prendas que estaban por debajo de la ropa interior, lo único que le gusto de todo lo que le dejaron fueron los botines, muy modernos y con tacón. Abajo todos estaban reunidos en la cocina tomando el desayuno y hablando de todo un poco como cada mañana, quien cocinaba esa mañana era Valeria y habían preparado de todo un poco porque no sabían qué cosas iba a comer Emely.
– Buenos días. – saludo Emely con timidez acercándose hacia donde estaban ellos.
– Hola, buenos días... – Zoe fue la primera en saludarla – ¿No te gustaron las cosas que deje para ti? – la vio usando un vestido celeste pastel con bordados de flores y un estampado blanco.
– Gracias por eso, pero yo no me siento cómoda al ponerme esas cosas, tampoco me gusta el sostén, molesta mucho. – era evidente que lo usaba porque se le notaba la cantidad de pecho que tenía.
– Te molestara los primeros días, después te vas a acostumbrar. – Zoe se rio porque se veía incomoda.
– ¿Qué es lo que huele tan rico? – vio los platos con comida, conocía muchos de los platillos menos las cosas redondas con agujeros.
– Estos son waffles. – dijo Efraín.
– Pero hay un olor muy fuerte, que me gusta mucho. – olfateo el aire sintiendo ese fuerte olor tan bueno.
– Es café, eso es lo que ha llenado la casa con un olor escandaloso. – dijo Simon que era el que se había preparado una taza.
– ¿Que es café? – Emely se acercó con cautela a él.
– Es una planta cuyos frutos se secan, se tuestan, se muelen y se prepara el café. – bajó un poco la taza y la atrajo como una abeja a la miel.
– Me gusta el olor que tiene. – Emely se acercó mucho más para ver el líquido oscuro dentro de aquella taza azul.
– ¿Quieres probarlo? – sonrió ligeramente al verla asentir – Sopla un poco porque está caliente. – ella le tomo las muñecas para acercar más la taza.
– Creo que no le gusto. – Liam soltó una carcajada al ver la cara que hizo Emely después de haber probado por primera vez el café.
– Es muy amargo... – levantó la mirada y el mal sabor le paso rápido al ver los iris azul grisáceo de Simon – ¡Que lindo color de ojos! – eso hizo que él se alejara.
– Gracias. – le dio un trago más al café evitando sobre reaccionar a ese cumplido.
– A Simon le gusta beberse el café como para levantar un muerto, quizás te guste más con azúcar y menos intenso. – Alejandro se levantó para prepararle una taza de café más decente.
– ¿Cómo era tu desayuno en la abadía? – pregunto Nur mientras comía.
– Cuando me dejaban desayunar eran huevos, queso, papas hervidas y un vaso de leche, cuando la abadesa se comenzó a ensañar conmigo solo me dejo comer avena cremosa y un vaso con leche, en los últimos meses solo era una rodaja de pan. – dijo Emely recibiendo la taza con café diluido y más azúcar.
– Siéntate y desayuna, puedes comer lo que quieras. – Zoe le movió el taburete para que se sentara.
– Gracias, pero no sé si eso me va a gustar. – señaló los waffles.
– Lo que te animes a probar y no te guste puedes dejarlo, de todos modos, en esta casa nunca se desperdicia nada porque estos hombres comen si no tuvieran fondo. – Zoe bajó del taburete.
– ¿De verdad puedo dejar lo que no me gusta? – Emely giro un poco sobre el asiento.
– Claro, la comida que no nos gusta a la fuerza nos enferma y lo último que necesito es que estés enferma. – se alejó de la cocina pues ya había terminado de comer y necesitaba trabajar.
– Lo siento mucho. – susurró deslizando la taza en la mesa, no le gusto el café ni con la azúcar necesaria.
– No importa, quizás los waffles te gusten más y le puedes poner rodajas de banana. – Alejandro fue por un plato para preparárselos como él los comía.
Emely se limitó a observar lo que el hombre hacia mientras los demás desayunaban, pero le dio mucha curiosidad la física de Simon, no era el único que tenía ojos claros, su cabello era lacio, pero lo que llamó su atención fueron las pestañas de su ojo derecho ¿El motivo? Eran blancas, las pestañas de su ojo derecho eran completamente blancas mientras que las de su ojo izquierdo eran oscuras.
– ¿Que tanto me miras? – preguntó con un tono de voz más ronco.
– ¡No seas grosero! – Liam le dio un codazo en el costado.
– Las pestañas de tu ojo son muy bonitas. – Emely lo dijo en toda su inocencia y sinceridad.
– Gracias. – se dio la vuelta y se fue.
No le gustaba tanta amabilidad y le enojaba que Emely fuese así, dulce, curiosa, traviesa y tímida al mismo tiempo, él como los demás tenía un pasado donde las personas que eran iguales a ella morían y tenerla cerca le ponía los pelos de punta porque le hacía sentir que en cualquier momento alguien la iba a matar.
– Ella no tiene culpa de ser ignorante. – dijo Zoe cuando él se sentó en el sillón a su lado.
– Se que no tiene culpa, pero es molesto que siempre pregunte con esa cara. – se desparramo en el sillón y arreglo la hebilla del cinturón.
– ¿Con qué cara? Yo veo que siempre tiene la misma. – volteo a verlo dejando lo que escribía de lado.
– ¡Cara de tonta! – Simon también la vio.
– Creo que te hace falta aprender paciencia, tolerancia y debes aprender a ser más amable, ella no tiene la culpa de haber crecido en ese lugar y nosotros en el infierno, piensa también que es una niña. – lo retó con una mirada.
– Da igual, entre más rápido la entreguemos más rápido nos libraremos de esa mocosa. – rodó los ojos.
– Te voy a enseñar por las buenas o por las malas. – Zoe volvió los ojos a la pantalla de su laptop.
– ¿Vas a obligarme a cuidar de ella? – recostó la mejilla sobre sus nudillos – Si lo haces sabes que la matare en el primer intento estúpido de escapar que haga, no me importara y tenemos luz verde para hacerlo. – la vio fruncir el ceño.
– Eso es lo que no comprendo, su padre nos ha pedido que la llevemos sana y salva a San Petersburgo, pero su tío, Lucio, nos ha pedido que si se pone terca la matemos y eso es muy extraño. – entró a su correo electrónico.
– Yo también la habría mandado a matar, es demasiado molesta. – vio hacia la cocina, Emely estaba riendo al lado de Alejandro mientras comían.
– Simon. – Zoe vio su expresión y por el reflejo de unas esculturas vio a la cocina.
– ¿Qué pasa? – puso su vista en ella.
– Nada, solo ten más paciencia con la niña y no seas tan duro con ella, estaremos con ella poco tiempo. – decidió no decirle lo primero que pensó.
– No seré niñero de nadie. – se terminó el café.
– Ya lo veremos. – centró su atención en los correos.
– Se que no te gusta que te desafíen, pero a mí no me gustan las niñas estúpidas y menos cuidar de ellas... – la vio sonreír y encogerse de hombros – No sabes los escalofríos que me causas al hacer ese gesto. – negó con la cabeza antes de llevar su mirada a la cocina.
Emely estaba riendo porque Alejandro era muy ocurrente y su forma de hablar le causaba mucha gracia, gracias a él se atrevió a comer todo lo que había en la mesa, los frijoles rojos, el chorizo, los champiñones salteados, mango en cubitos, fresas con miel, con crema batida e incluso probó la crema de avellanas, de esa última se comió una gran cucharada porque fue lo que más le encanto, Liam le dio a probar kiwi y lo ácido la tomó por sorpresa. Después del desayuno se ofreció a ayudar a Valeria con los platos sucios, aunque ella se negó porque era su labor del día, Zoe los organizó de una forma eficiente y a la cual se acostumbraron, un solo día, uno de ellos cocinaba y se encargaba de los platos, la limpieza de la casa la hacían todos y el lavado de ropa era individual.
Dejaron los platos limpios y cada uno se fue a hacer sus cosas, como Emely no tenía restricciones decidió subir a su cuarto a buscar la bala que Simon le regalo porque en la mañana que despertó no la había encontrado, revolvió sus cosas e incluso vació la mochila y rebusco entre sus vestidos, pero la bala no estaba por ningún lado e incluso buscó bajo la cama y casi rompe en llanto cuando no la encontró así que bajó de nuevo a la primera planta para ir a abrir la puerta principal, el campo se veía tan verte con el sol de media mañana y era tan grande que sería imposible buscar la bala, incluso no sabía en qué momento la perdió, pudo haber sido durante su escape de la abadía, en el bosque o en aquel campo verde, su primer regalo brillante y lo había perdido.
– ¿Pasa algo? – Adrien la descubrió parada frente a la puerta abierta.
– No, solo estaba viendo. – Emely cerró la puerta, no quería que le privaran de la libertad que le habían dado.
– Si quieres un paisaje de paz deberías salir a la terraza de atrás, se ve la cascada y parte del río. – señaló hacia la otra puerta.
– Gracias. – sonrió tímidamente y camino hacia la puerta de atrás.
Zoe pido que la dejarán vagar por su cuenta en toda la casa e incluso salir de ella siempre y cuando no se alejara mucho, así que no le dijeron nada cuando salió a la terraza trasera, la vista desde ese lado era realmente magnífica con la vista directa hacia una cascada que estaría a un kilómetro de la propiedad, pero el lugar estaba tan despejado que se alcanzaba a ver y de fondo tenía la parte rocosa de la montaña, Emely se sentó en un largo sillón que estaba cerca y se quedó abrazando sus piernas mientras pensaba en lo que había perdido, era la primera vez que tenía algo tan brillante y bonito, pero por descuidada se había quedado sin ella y eso hizo que se pusiera a llorar; estaba sollozando cuando Simon salió a ese lado de la casa en busca de leña seca para la chimenea porque se había acabado y no quería salir cuando fuese de noche, se sorprendió mucho al escuchar los sollozos y ver a Emely sentada en el sillón mientras abrazaba sus piernas.
– ¿Por qué lloras? – sin querer la asusto.
– Por nada. – Emely se limpió las lágrimas, apenada de haber sido descubierta.
– ¿Te duele el estómago por haber comido mucho? – estaba tan flaquita y le habían dado tanta comida que pensó en que tendría alguna indigestión.
– No, es que perdí la bala que usted me dio, lo siento mucho. – comenzó a llorar de nuevo.
– ¿Lloras solo por eso? – alzó una ceja, confundido y sintiendo algo de enojo porque era una estupidez.
– Es que era la primera vez que alguien me regalaba algo tan bonito y brillante, fui una descuidada y lo perdí, me gustaba mucho. – se cubrió el rostro con ambas manos.
– ¡Deja de chillar! – volteo a ver hacia todos lados, si la veían llorando así pensarían que él le hizo algo – Deja de llorar, te puedo dar otra y mucho más reluciente. – se tocó los bolsillos del pantalón buscando alguna que hubiese guardado.
– ¡Yo no quería perderla! – se limpió de nuevo las lágrimas.
– No importa, esas cosas pueden pasar... – encontró una bala en el bolsillo izquierdo de su pantorrilla – Mira, esta brilla más que la que te di ayer y está más bonita, quédatela, pero deja de estar llorando. – se la entregó y se sentó a su lado.
– ¡Gracias! – Emely tomó la bala mientras se frotaba un ojo.
– No hay de que, solo no sigas llorando por favor. – estaba tan colorada que parecía un tomate y al ver que ya no le salían lagrimas se levantó para continuar con lo suyo.
– ¿Dónde va? – preguntó Emely al verlo bajar las gradas.
– A la bodega por leña. – volteo a verla.
– ¿Puedo ayudarlo? – Emely se levantó del sillón pensando en agradecer de mejor manera el regalo.
– No gracias, me harás estorbo... – decir eso fue para ver sus ojos cristalizarse nuevamente – ¡Carajo! – subió para tomarla del brazo y llevársela hacia la bodega.
– No soy un estorbo... – susurró Emely detrás de Simon viendo abrir las puertas – La abadesa siempre lo decía, pero se hacer muchas cosas, no solo estorbar. – guardo la bala en el bolsillo de su vestido.
– ¿Lanzar piedras está entre esas habilidades? – volteo a verla – Tengo un moretón donde me cayó la piedra que lanzaste anoche. – volvió su vista hacia dentro de la bodega.
– Usted mató a mi madre. – eso hizo que Simon se diera la vuelta y se cruzó de brazos marcando sus músculos en la camiseta manga larga de color beige que usaba.
– Creo que podríamos decir que estamos a mano. – bajó los brazos al igual que los hombros tratando de buscar una postura menos intimidante.
Dos metros de músculo podrían ser aterradores para un metro sesenta de huesos y poca carne, pero aun así Emely trataba de verse valiente frente a él y eso le causo mucha gracia, sabía que era valiente por haberlos apedreado a pesar de que ellos andaban armas.
– No creo que eso compense el haberme dejado huérfana. – Emely no estaba tan sentida con eso, era una mujer con la que no tenía un lazo tan fuerte, pero si resentía un poco el que terminara así.
– Bueno, si quieres odiarme por lo que hice no te voy a culpar y será mejor que vuelvas a la casa porque tendré que cortar leña. – no había rajas que pudiera hacer manojo y llevarlas, solo trozos grandes.
– Puedo juntarla mientras usted la corta. – se apartó cuando él sacó un enorme trozo que usaría como base.
– Espero que no vayas a meter las manos mientras doy el golpe con el hacha porque no quiero que Zoe vaya a matarme por haberte cortado el brazo. – saco en tronco que iba a cortar.
– ¿De verdad piensa que soy tan estúpida? – ladeo la cabeza.
– Dicen que las rubias siempre son tontas... – tomó el hacha y la vio fruncir el ceño – Olvida lo que dije, solo no metas las manos mientras yo corto la leña. – acomodo bien el tronco.
Emely se hizo a un lado cuando Simon levantó el hacha, no quería que le rebotara ningún pedazo de ese tronco y lo vio dar el primer golpe con el que la madera se rajó a la mitad, era tan fuerte que consiguió hacer eso de un solo golpe y Emely pensó que si le llegaba a pegar a ella muy seguramente la mataría o le sacaría la mitad de los dientes, estaba más que convencida de que en un futuro no lo haría enojar.