Zoe se asomó al ventanal de su oficina ya cansada de estar escribiendo, porque su trabajo era ese, escribir novelas de romance y fantasía que se publicaban en su natal Italia, sus ojos se fijaban primero en la montaña porque de vez en cuando podía ver manadas de alces pasando por el camino a mitad de la montaña, pero entonces el golpe del hacha contra la madera la hizo bajar la mirada y llevó la mano a su boca completamente incrédula de lo que sus ojos veían, era el rancio de Simon cortando leña mientras Emely recogía los pedazos y los acomodaba en un pirámide. Si Valeria o Nur le hubiesen contado que vieron esa misma escena muy posiblemente no les habría creído, lo hubiese tildado de locos, pero lo estaba viendo con sus propios ojos y no se lo podía creer porque hace unos momentos la habí

