29 Emma estaba desolada, pero no tan desolada como para no aparecer en el piso de Slim con una botella de vino. Lloró antes y después del sexo, durante este su cara mantuvo un gesto de concentración que sugería que seguía los movimientos, pero poco más. —Alguien manipuló su coche alquilado —dijo—. Tal vez cortaron los cables del freno, no lo sé, pero hicieron que se estrellara. Slim no señaló que los frenos de un coche no eran como los frenos de una bicicleta, pero la seguridad en la expresión de Emma significaba que podía dejarlo pasar. —Es bastante difícil manipular un automóvil hasta ese punto —dijo Slim—. Hace falta saber mucho. —¿Crees que había alguien más en el coche? —No, salvo que saliera ileso —dijo Slim—. El informe de la policía nos dirá algo. —¿Qué pasa con Ted? ¿Estará

