45 —Estás loco —dijo Arthur, sacudiendo la cabeza—, pero si quieres un empleo en la policía de Carnwell, dímelo. Ya encontraría algún atajo para contratarte. Es un desperdicio que te dediques a espiar a viejos verdes. Slim sonrió. Todavía le dolía la cara donde se había golpeado la mejilla al escalar para salir. Aunque en su momento parecía una buena idea, a toro pasado habría sido menos peligroso arriesgarse a pasar por el túnel submarino una segunda vez, pero para entonces ya había logrado llegar a lo alto de la grieta con los pies cortados y sangrando, solo para encontrarse frente a cincuenta metros de una pared de roca casi vertical con solo unas pocas cadenas oxidadas y escalas para ayudarle, y volver atrás era tan peligroso como seguir adelante. Desde lo alto del acantilado, se ap

