Después de todo lo que dije ante las cámaras, me sentí… vacía. Como si hubiera entregado una parte de mí que no sabía que tenía escondida. No me arrepentía, pero estaba cansada, me sentía dolida, expuesta. No me dirigí hacia el pent-house, le pedí al chofer que me dejará en el departamento de Sebas, después le ordené que regresará con Lisandro, al igual que a los dos hombres que me estaban cuidando, ahí me sentía segura, no eran necesarios. Sebastián al verme en ese estado, me ofreció que me quedará con ellos por un par de días, para relajarme, pero no quise, solo necesitaba alejarme de Lisandro por unas horas, no más, porque verlo romper todo, sangrar, gritar, me había dejado una grieta en el pecho que no sabía cómo sanar. —Toma esto —me dijo Sebas, entregándome una taza de té caliente

