+++++++++++++ Alejandra sigue con su letanía de reclamos, su voz, ahora un poco más ronca y llena de un patetismo teatral, perfora el ambiente ya tenso. —¡Te amo tanto, Francesco! ¡Tanto! No es posible que no recuerdes las folladas que te di, ¡las folladas que compartimos! ¡Dime que no es cierto! ¡Dime que me recuerdas! —su voz se quiebra en un sollozo ahogado, que a mí, francamente, me suena más a un berrinche mal actuado que a un dolor genuino. Es de esas personas que confunde la intensidad con la profundidad, y el drama con el sentimiento. Pero al escuchar esa frase, las folladas que te di, mi mente hizo, clic. ¡Una travesura! ¡Una idea deliciosamente malvada y ridícula! ¡Una locura que rompería el momento y me devolvería el control, aunque fuera solo por un instante! Mis ojos se po

