+FRANCESCO+ El agua caliente cae en columnas sobre mi espalda y, mientras me enjabono, mi mente no hace otra cosa que dibujarla: Isabella. Un trocito de memoria que se volvió obsesión. Mido sus proporciones en la cabeza sin quererlo, 1,67 m exactos en mi recuerdo y cada detalle me golpea: las curvas que antes me parecían infantiles y ahora son una geometría peligrosamente femenina; su cabello castaño con reflejos que atrapan la luz como finas brasas; esos ojos verdes esmeralda que tienen la mala costumbre de encontrarme incluso cuando no quiero que lo hagan; la piel clara que me parece frágil y a la vez desafiante; y los labios, Dios, los labios, siempre listos para decir lo correcto o para romper promesas. Me enjabono el pecho y siento la espuma como si fuera un espejo: no puedo dejar

