-Bakudan, Hikori, Mobu.
Jukai llega a la mesa donde sus pupilos y su hijo están estudiando. Los tres chicos levantan la mirada y se ponen de pie inmediatamente.
-¿Hay alguna misión para nosotros? -pregunta Hikori.
-Así es. Ese humo que vimos hace algunas horas, parece ser que no era algo sencillo. No hay nada confirmado, pero nos ha llegado información que al menos uno de los fugitivos de el Gran Poder se encuentra en el lugar.
Los tres jóvenes héroes se miran entre sí, estupefactos.
-¿Y saben de quién se trata? -pregunta Nakamura.
-Al parecer es el villano conocido como Shindahi.
El poder de Shindahi era un extraño y poderosísimo fuego azulado. Bakudan no pudo evitar estremecerse. Aún recordaba cuando lo habían secuestrado y volvió a sentir la mano del villano en su cuello.
-Bueno, ¡vamos a aplastarlo entonces! -exclama Bakudan empuñando sus manos.
Jukai les muestra el plan que había trazado para poder detener al fin a Dabi. Los tres chicos se lo aprenden al pie de la letra. Era bueno tener un plan, aunque siempre habría que improvisar algún punto, pero con una guía a seguir era más fácil.
-Iremos en el auto para llegar más rápido al punto A -explica Jukai y los tres chicos asienten con la cabeza.
Salen rápidamente del edificio y entran al auto, que parte de inmediato.
Bakudan está junto a la ventana, al medio Hitsune y al otro lado, Nakamura. El rubio mira por la ventana con la cabeza apoyada en su mano y la otra mano sobre su pierna izquierda que no deja de mover.
Hikori coloca su mano sobre la del rubio, quien, al sentirlo da vuelta el rostro para mirarlo. El rojiblanco entrelaza las manos de ambos y le acaricia el dorso de la mano con el pulgar.
Era una misión peligrosa, pero ya habían salido vivos de situaciones mucho peores, habían luchado contra enemigos más desafiantes y habían ganado. Y todo ese tiempo trabajando los tres juntos los había ayudado a trabajar en equipo, a anticipar y complementar los movimientos del otro para poder incrementar sus poderes que ya de por sí eran impresionantes.
-No somos los únicos en ir -dice Jukai mirando por el retrovisor- ya hay algunos héroes en el lugar y otros más fueron llamados.
-¿No será demasiada gente para un solo enemigo? -cuestiona Nakamura.
-Tal vez lo sea, pero es mejor prevenir cualquier inconveniente. Además, hay que salvar a cientos de personas. La mayoría irá de misión de rescate...
-¿Y nosotros? -interrumpe Bakudan.
-Iremos a vencer a ese tal Shindahi y su fuego maldito.
Bakudan asiente, satisfecho. Quería... no... necesitaba cobrar venganza por aquella vez que lo habían secuestrado. Y si tenía oportunidad de poder partirle aún más la cara a ese maniático no la desperdiciaría. Sin querer, apretó la mano de Hikori por la emoción y el chico le dio un apretón de vuelta. Se miraron fijamente por unos segundos antes de asentir con la cabeza. Estaban juntos en esto y ganarían.