VIII

1465 Palabras
El sábado había llegado rápido. Durante lo que quedaba de semana, Bakudan y Hitsune ni siquiera habían cruzado una mirada, algo que afectaba al rojiblanco y, aunque el rubio no lo aceptara, también había mellado su ánimo. La esperada fiesta por fin empezaba y los invitados llegaban poco a poco. El lugar era un gran salón de eventos, en el que había mesas, pista de baile, un dj y barra libre para los jóvenes héroes. Era una celebración que organizaba una familia millonaria que había sido salvada por los chicos hacía unos meses y no encontraron mejor manera de agradecerles. Cuando Nakamura y Hitsune llegaron, la fiesta ya estaba en todo su apogeo, con música a todo volumen y varios de sus compañeros de distintos cursos estaban dispersos en las mesas. Ambos chicos buscaron con la mirada para encontrar a alguien familiar. Finalmente, el peliverde alcanzó a ver a sus compañeras Tomoe, Minamoto, Kaeru, Jikaru y Mienai, que estaban juntas en una mesa, riendo y bebiendo. Al ver a los recién llegados, Tomoe los saludó con la mano y los invitó a sentarse junto a ellas. -Nakamura, Hitsune, ¡qué alegría verlos! -los saludó Jikaru. -¿Quieren algo para beber? -preguntó Mienai. -Aún no, muchas gracias -respondió Hitsune cortésmente. -Los demás ya deben estar por llegar -dijo Kaeru luego de ver la hora en su celular y, efectivamente, a los pocos minutos, la puerta volvió a abrirse y entraron Hikari, Maki, Aku, Kesseki y Bakudan. Al ver al último, a Hitsune le dio un salto el corazón, pero no cambió su semblante apático. Minamoto alzó la mano para llamar la atención del grupo, que al verla se acercaron a la mesa. -¡Hola, chicos! -saludó Kesseki. -Llegó el alma de la fiesta -bromeó Hikari apuntándose a él mismo mientras los demás reían. Hitsune y Bakudan hicieron un leve contacto visual que rompieron de inmediato. -¡Hey, me encanta esta canción! -exclamó Tomoe con los ojos brillantes y una gran sonrisa- Mobu, por favor, baila conmigo. El aludido se sonrojó hasta las orejas y aceptó la invitación moviendo mecánicamente la cabeza de arriba hacia abajo, mientras algunos de los integrantes de la mesa reían con poco disimulo. Finalmente, Ichiro fue junto a la chica a la pista de baile. Mientras tanto, los demás habían ido por tragos y bebidas para el grupo. En la mesa solo quedaron Bakudan, Minamoto y Hitsune. -Qué bueno que viniste, Hitsune-kun. No pensé que estos eventos te interesaban -dijo Minamoto acercándose al medio albino, sonriéndole coquetamente. -La verdad es que no me atraen mucho, pero esperaba poder distraerme de algunos malos ratos que he pasado -contestó el chico mirando de soslayo a Bakudan, quien frunció el ceño y apartó la mirada. Los demás volvieron con muchos vasos para todos y comenzaron a beber, conversar y reír. Tomoe y Nakamura volvieron y se unieron al grupo, pero cada cierto tiempo alguna pareja salía a la pista. Luego de un par de vasos, Minamoto logró juntar valor y le pidió a Hitsune que bailara con ella. Él no sabía bailar, pero como eso le permitía salir de esa mesa y de la vista de Bakudan, aceptó con gusto. En la pista de baile había mucha gente de distintas clases y años. Minamoto se puso a bailar frente a Hitsune de una forma muy sensual, mientras el chico solo se movía un poco al ritmo de la música, intentando no botar el vaso que aún tenía en la mano. Una canción comenzó a sonar y Minamoto se emocionó y se acercó a Hitsune hasta abrazarlo por el cuello y empezó a cantar parte de la letra. -I wanna ruin our friendship -cantaba la chica a viva voz -we should be lovers instead... Minamoto se acercaba cada vez más al rostro de Hikori, que no sabía qué hacer. Entonces el chico levantó la mirada y se encontró con la de Bakudan que lo observaba fijamente. -I don't know how to say this -continuó cantando su compañera, esta vez con voz un poco más baja mientras le acariciaba el rostro con ambas manos- Cause you're really my dearest friend. Kenji dejó su vaso en la mesa y salió a paso rápido del lugar por una puerta lateral. -Minamoto-chan, disculpa. Pero tengo que salir -dijo Hitsune a la chica saltándose de sus manos, pasándole su vaso y saliendo rápidamente tras Bakudan. Al salir, miró a su alrededor buscando a su compañero hasta que lo encontró apoyado en una columna de metal algunos pasos más allá. Y decidió acercarse a él. -Cómo lo estás pasando -preguntó Bakudan al ver que Hitsune se colocaba frente a él. -No lo sé, pero al parecer mejor que tú. -No te hagas el gracioso conmigo, imbécil -lo amenazó Bakudan acercándose a su rostro peligrosamente- ¿por qué no vas a besuquearte con tu amiguita? -¿Eso es lo que te molesta? -rió Hitsune - ¿que pueda besar a otras personas que no sean tú? -La verdad es que sí -respondió Bakudan y eliminó la pequeña distancia que los separaba, juntando sus labios en un nuevo beso. Nuevamente todas las sensaciones que habían experimentado algunos días atrás se repetían. Bakudan introdujo su lengua en la boca del rojiblanco con desesperación. Luego le acarició el cabello con ambas manos, dándole pequeños tirones que obligaban a Hitsune a separarse de él cada tanto, pero el rubio volvía a buscar su boca como si se le fuera la respiración el no tenerlo pegado a él. -Bakudan, espera -le dijo Hikori separando sus bocas y juntando sus frentes. -¡Qué te pasa, maldito mitad y mitad! -respondió Bakudan con la respiración alterada. -¿Por qué estás haciendo esto? ¿No dijiste que debíamos hacer como si nada hubiera pasado? -Ah, no lo sé. Solo quería hacerlo y ya -dijo el aludido de forma despreocupada e intentó besarlo de nuevo, pero Hikori lo empujó por los hombros para alejarlo aún más- ¡¿Pero qué mierda?! -¿Esto para ti es un juego? -dijo Hitsune, con el ceño fruncido. Bakudan lo miró sin decirle nada- porque para mí no. Tú sabes que me gustas, ¿sabes lo mal que lo he pasado estos días? Intentando olvidar y vienes y me vuelves a besar. ¿Es que acaso yo también te gusto, Bakudan? El rubio apartó la mirada y se mordió el labio. -¡Respóndeme! -¡NO LO SÉ! Ambos se miraron un par de segundos. A pesar de estar casi en penumbras, Hitsune pudo notar que su compañero estaba ruborizado. -No te entiendo. -Mira, imbécil, cuando me besaste esa vez, me gustó, sí, lo admito. Pero preferí hacer como si nada hubiera pasado, porque esto es extraño para mí. Aun así, lo único que quería era besarte de nuevo... -Admite que te gusto, Bakudan, y te besaré todas las veces que pueda. El rubio lo fulminó con la mirada, sonrojándose aún más. Dentro, en la fiesta, Jikaru estaba junto a Hikari, pues el chico había bebido demasiado y ya no se sentía tan bien. -Creo que deberías tomar un poco de aire -le sugirió la chica. El rubio eléctrico asintió con cuidado. Ambos se levantaron de la mesa y fueron lentamente hacia la salida lateral. Al abrir la puerta, el frío aire de la noche alivió un poco el mareo del chico, que se sentó junto a la puerta, apoyado en la pared, mientras la chica estaba de pie junto a él. Entonces, Jikaru escuchó unos gritos. Puso algo más de atención y logró distinguir la voz de Bakudan. La chica giró los ojos. Probablemente su compañero se había enfrascado en una pelea con alguien. Decidió interceder por la víctima del explosivo chico, así que se acercó hacia el lugar desde donde provenían las voces. Fue con cuidado, no quería que la vieran, solo haría aparición si la cosa se ponía grave. Asomó la cabeza y entre las penumbras vio a Hitsune que estaba frente a Bakudan, con sus manos en los hombros del rubio, que estaba pegado a una columna. -¡Está bien, lo admito, me gustas! ¿ESTÁS CONTENTO AHORA, BASTARDO? -gritó Bakudan. Y, sin que la chica se lo esperara, vio como ambos se acercaban dándose un candente beso. Jikaru abrió mucho los ojos y se tapó la boca para reprimir un grito de sorpresa. Se alejó despacio, sin meter ningún ruido, aun intentando entender lo que acababa de ver. ¿Bakudan y Hitsune? ¿Se estaban besando? Por Dios, ¿eso había sido real? Volvió junto a su compañero, que se había dormido en el suelo. La chica lo despertó con cuidado. -Creo que es hora de irse, Hikari -le dijo Jikaru mientras llamaba un taxi que los dejara en el campus del internado. Mientras se subían al auto, la chica no dejaba de darle vueltas a lo que acababa de presenciar, y decidió que lo mejor sería guardar el secreto. 
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