IX

502 Palabras
-Ya llegamos -anuncia Jukai. Todos bajan del auto y se quedan de pie por un momento. Están en una calle que ya había sido evacuada, así que no hay nadie transitando. No muy lejos se ve un brillo azulado, probablemente el fuego de Shindahi. -Hikori, Bakudan, ustedes irán por la derecha. Mobu y yo iremos por la izquierda -dice Jukai- deben estar siempre atentos porque al parecer Shindahi no está solo. Los tres chicos asienten. Se separan y van corriendo hacia algún lugar lo suficientemente cerca para ver al villano y lejos para que no los vea a ellos. -¿Por qué no puedo usar mis explosiones para ir más rápido? -se queja Bakudan. -Porque llamarías mucho la atención -le responde Hitsune. El rubio frunce el ceño y continúa corriendo junto a su compañero. No tardan mucho en encontrar un lugar para observar a su enemigo. Shindahi se encuentra en medio de la calle, justo en una esquina donde convergen dos avenidas anchas. Está rodeado por una columna de fuego, pero no se mueve. Parece estar esperando algo ya que solo está ahí, de pie. Las únicas veces que se mueve es para evitar que algún héroe se le acerque. -¿Tu hielo podrá apagar ese fuego? -pregunta Bakudan en voz baja. -No lo creo, es muy poderoso -responde Hitsune mirándose la mano derecha. -Hey, idiota, tú también eres muy fuerte -lo anima Bakudan tomando su mano. Hitsune sonríe. Su compañero tiene razón, durante todo su paso por la academia de héroes entrenó y se hizo más fuerte. Logró dominar su fuego interior que tanto odiaba y logró que su hielo, ya increíble desde el inicio, se volviera aún más peligroso. Y su cuerpo también se ha hecho más fuerte y resistente. -No podemos enfrentarlo cara a cara. Esperaremos que Jukai y Nakamura aparezcan para hacer cualquier movimiento. Y cuando necesiten protección, los cubriré -dice Hikori. Bakudan asiente con la cabeza mientras sonríe de lado. No quería admitirlo y nunca lo haría, pero tenía claro que el poder de Hitsune era mayor que el suyo, aunque no por mucho. Y combinando sus poderes ambos podían llegar a ser invencibles. -Excelente -murmura el rubio con rabia- yo ya estoy más que listo para detener a ese bastardo de cara extraña que se atrevió a capturarme. Aún no se soltaban las manos y no pensaban hacerlo hasta que fuera estrictamente necesario. Estaban atentos a todo movimiento, pero aún no aparecía su compañero ni su mentor. Probablemente ellos también estaban sopesando sus oportunidades, los pros y los contras de ir directamente sobre el villano y su peligroso fuego azul. En un movimiento rápido, Bakudan le roba un corto beso al rojiblanco, que tiene que suprimir una sonrisa. No es el momento para ponerse románticos, pero nunca estaba demás sentir el apoyo y cariño de aquel chico que lo hacía sentir tan especial y querido y al que también quería con todo su ser. Están juntos en esto, como siempre, y harían que la misión fuera un éxito.
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