“Todo pasó tan rápido, aún no comprendo cómo es que logré llegar aquí, hace tan solo unas horas atrás disfrutaba del agua salada sobre mi cuerpo” … Elián caminaba por las mismas calles desde hace cinco años, observaba con dolor cada muro y cada edificio, que recorría al avanzar con su paso lento, pasaba de la medianoche, las calles solitarias, y uno que otro gato desorientado en busca de alimento, cruzaba por su camino. Elian llegó de nueva cuenta hasta aquel viejo edificio con ventanas en mal estado, y como cada noche desde cinco años atrás, lo observó con lentitud hasta que su mirada llegara a encontrar el cielo, que en ese momento se encontraba cubierto por nubes, y lluvia. Elian, levantando la mirada, permitía que las gotas de aquella lluvia, de caída lenta pero constante mojara su

