Sky Evans:
Mis ojos se abren despacio, intentando adaptarse a la luz que empieza a colarse y me encuentro acostada en la cama de mi nueva habitación. Paso la vista por todo el alrededor y me doy cuenta de que no hay nadie. Estoy sola, lo he estado desde que cumplí los estúpidos 19 años, ¡Si es verdad!
Me levanto con pesadez, mi mente quiere empezar ya por el plan y mi cuerpo sólo quiere seguir descansando. Voy hacia el baño y me detengo cuando veo desde el espejo mi reflejo. Momento exacto, en el que hago un repaso mental.
Mi nombre es Sky Evans, de 22 años y estoy por terminar la universidad. Mis padres me abandonaron cuando era niña y de ese modo fui adoptada. Desde entonces vivo en una casa no tan adinerada. Trabajo en una lavandería, misma a la que por cierto, no he llamado. Y bueno creo que eso sería todo.
Observo mi reflejo en el espejo fijamente, como si de esa manera pudiera colarme dentro de este y así perderme, tener una vida diferente, una vida un poco más tranquila, sin tantas complicaciones, sin tanta mierda que resolver.
Salgo de mi trance, intentando concentrarme y recojo mi cabello en una coleta alta para poder lavar mi rostro, cuando el agua toca mi piel siento como mis mejillas comienzan a tensarse por el frío.
Cuando termino, prosigo a cepillarme y luego a aplicarme un poco de rímel en mis pestañas; Deslizo el rubor por mis mejillas adornando mis pecas y haciendo que mí "proceso de maquillaje" llegue a su fin.
Observo mi reflejo desde el espejo y estoy lista, no necesito más tiempo para colocarme todo ese rollo en la cara, aunque suene difícil de creer, adoro mis rasgos naturales.
Dos horas más tarde, me encuentro postrada en el asiento de atrás de un bus, con manos temblorosas a pesar de mis arranques de odiosidad y sosteniendo la hoja que llevará el plan acabo, finalmente. El plan que lleva consigo a mis pesadillas, el plan que lleva consigo al sufrimiento por el que tuve que pasar.
Con manos un poco temblorosas le escribo un mensaje a Jason y a Katherine, recordándoles la hora de llegada, quiero que todo salga al margen y no pretendo en ningún momento, dejar que algo tan simple lo arruine.
Un carraspeo se hace escuchar y como acto reflejo, ya tengo la hoja doblada a la par.
—¿Una hermosura leyendo? No se creería.— Dice una voz desconocida. Momento exacto en el que yo levanto la mirada.
Estatura normal, tal vez podría sacarme una cabeza. Cuerpo fornido, cabello castaño oscuro, arrogante, desesperado por la atención por lo que se ve, y ojos simples color verde me devuelven la mirada. Hipnotizándome con ellos, casi al mismo tiempo.
— ¿Te conozco?
—Me temo que todavía no, me presento, un placer, Aaron Klesser.
Su mano se extiende frente a mí y yo le miro incrédula. ¿De verdad piensa que se la daré?
— ¿Es en serio?
Sonríe y aleja la mano, cuando da por sentado que de ninguna manera voy a corresponder a su saludo.
—Una chica tan bonita, no debería ser tan grosera.
—Me encojo de hombros. — Y un chico tan aparentemente adinerado no debería de ligar en un bus.
—Así que adinerado ¿eh? —Sonríe burlón.
Aunque no era una persona que juzgara a los demás por la forma en que lucían, se notaba hasta en su forma de ligar que no era un chico común.
—¿Siempre eres así?
—Explícate.
—¿Así de juzgona?
—¿Y tú? — Contraataqué.
—No todo el tiempo preciosa, ésta es una de mis mejores versiones.
—Desgraciadamente. ¿Ahora puedes mover tu trasero y largarte de aquí?
—Oye, oye... ¿Por qué la agresividad?
— ¿Herí tus sentimientos? — La ironía desbordaba en cada una de mis palabras.
— Con mujeres así ¿Para qué hombres? — Me dice, finalmente logrando que sacara una sonrisa.
—Soy Sky. — Le miro inquisitivamente.
—¿Sky? ¿Como cielo en español?
—Vaya, al parecer has aprobado la materia de Inglés a la perfección. — Abro los ojos con emoción fingida.
— Él sonríe. Su sonrisa es realmente perfecta. Dientes alineados y de un color perla reluciente. — ¿Entonces puedo decirte Cielo?
—Puedes decirme Sky, acabamos de conocernos. —Guardo la hoja que me he dado cuenta cargo todavía en mi mano, y escucho lo que tiene, ahora para decir.
—¿Vas a la universidad?
—¿Tengo cara de estudiante? — Le miro levantando una ceja.
—Pues a decir verdad de modelo, pero por tu forma de hablar y la madurez de tu cuerpo...¿Ya has pasado los 20?
Mierda, que acertado.
— ¿Y eso significa...?
—Que puede que ya hayas terminado la secundaria.
— No has acertado en ninguna. — Miento.
—¿Cuántos años tienes entonces?
—Ya me tengo que ir. — Me levanto y me agarro de los asientos para no caerme del movimiento que recibo del bus.
— ¡Por aquí, por favor! — Alzo la voz y cuando estoy un poco más cerca de la puerta siento una mano tocar mi brazo. Poniendo mi cuerpo en alerta, por supuesto.
—¿Trabajas aquí verdad? — Señala con la cabeza a la lavandería que tenemos en frente.
—No es asunto tuyo. ¿ Puedes dejarme en paz? Necesito bajarme.
Libera su agarre y mis mejillas se sonrojan levemente por alguna razón.
Le doy el dinero al colector y termino de bajar de una vez por todas. Y sin saber cómo, ni cuándo una sonrisa de tonta queda plasmada en mi rostro por un largo rato.
//
Las campanillas se hacen sonar indicando que alguien ha utilizado la puerta. Especie de colgante en la parte de arriba que sirve de decoración y al mismo tiempo para identificar la entrada y salida de nuestros clientes.
Y una gota aterriza sobre la cima de mi cabeza, apenas segundos de haber dejado la lavandería en la que trabajo. Contándome desde luego, que se avecina una fuerte lluvia.
Camino a pasos largos cuando mi teléfono vibra en el bolsillo de mi pantalón. Lo tomo lo más rápido que puedo, pues si hay una cosa que me saca de quicio es esa molesta sensación en mi pierna.
— ¿Sí?
—Por favor con Sky —La voz de un hombre resalta de lleno en el auricular.
— Habla ella.
—Ah Sky, ¿Cómo va todo?
— Ruedo los ojos como si la persona pudiera ver mis expresiones.— Joder, si de verdad me estas llamando para eso, no tengo tiem...— Empiezo a decir pero soy interrumpida por el susodicho.
— Te odio sabías. — No me sorprendía que lo dijera, pues muchos compartían el mismo criterio de mi persona. — Te he estado esperando toda la tarde.
—¿Quién habla? —La lluvia ya estaba empezando a caer a trompicones, y la idea de estar mojándome, con cinco bolsas en las manos y hablando al mismo tiempo por teléfono no me estaba haciendo mucha gracia que digamos.
—Es Brice.
—¡Ah, Brice! ¿Puedes venir a buscarme? Acabo de salir de la lavandería, está lloviendo y...
—Lo entiendo, voy enseguida. —Suelta dejándome con la palabra en la boca.
Respiro hondo y me pongo bajo el pequeño techo de una boutique. Coloco las bolsas en el suelo y muevo las muñecas como si de alguna forma pudiera disminuir el pequeño dolor que ahora se almacena en ellas, gracias al peso.
En esto vuelve a vibrar el bendito teléfono.
—¿En qué lugar me decías precisamente que estabas?
— Si no me dejaste terminar de hablar. Estoy en la boutique que queda a una cuadra idiota.
—Sin ofensas por favor.
Otra vez es latente el pitido que indica que han colgado.
Cuando separo el teléfono móvil de mi oído intento secar con bastante complicación la pantalla táctil. No puede dañarse, es como tener oro en estos momentos para mi. Pues no cuento con tanto dinero y tampoco es que me llene de emoción el hecho de tener uno nuevo. No soy mucho de aparatos electrónicos y sí, si quieren llámenme bicho raro.
—¿Tienes idea de cuan propensa estas a que te roben en esa posición? —Se escucha una voz masculina y mi corazón salta casi al instante.
Sus ojos verdes nuevamente se clavarón en los míos, tal como sí se tratara de una hipnosis. Me parecía increíble lo estúpida o embobada que me podía poner unos simples ojos.
—¿Qué haces aquí?
—No sé estaba pasando y puff me encontré de nuevo con la hermosura del autobús.
—¿Acaso estas siguiéndome? Créeme que si es eso estás perdiendo el tiempo, mi vida es increíblemente aburrida.
—Jamás pensé que dirías eso.
Entrecierro los ojos bajo la incredulidad y él responde a mi pregunta sin tener que abrir la boca.
—Pensé que dirías "Estás loco voy a llamar a la policía"
—Una sonrisa se desliza en mis labios al escucharle con voz aguda. —¿Debería?
—Sé que no te atreverías.
—Ni siquiera me conoces...
— Y estás en tu razón —Soltó mirando mis labios con más atención de la necesaria. — Pero no sé, algo me dice que no lo harías.
— Eso se llama ser inocente.
— ¿Entonces me equivoco? — Me miró alzando una ceja. Y a pesar de que estábamos a cierta distancia como para siquiera rozarnos, me sentía increíblemente incomoda y nerviosa.
Al notar el silencio que dejé en el ambiente, pasó saliva y bajó la mirada para decir otra cosa.
—¿Qué haces aquí tan sola? ¿Esperando a alguien?
— ¿Te parece que te hablé al respecto?— Mis manos tocan la bufanda que cargo en mi cuello, en estás temporadas de lluvia y de frío, es lo único que me acompaña, hasta que compre varios suéteres y ropa para el frío.
—Tal vez. — Su boca dibujaba una línea un poco torcida. Como si quisiera sonreír pero al mismo tiempo se controlara.
Justo cuando iba a responder, soy interrumpida, un automóvil color plateado se estaciona frente a nosotros, el vidrio de la puerta se desliza lentamente hasta conseguir la mirada de un Brice algo angustiado.
—Sky, ¿Estás bien?
—De hecho sí, solo estaba... — Miré en dirección al chico de ojos verdes pero me sorprendo al notar que no hay rastro de él.
Ese hombre tiene que tener problemas, de eso no cabe duda.
Brice me mira interrogativo, mierda ahora qué le digo.
— ¿Solo estabas...?
—Nada. — Dije tragándome mis palabras, mientras me adentraba en el automóvil.
—¿Quién era ese?
—¿Quién era, quién? —Hacerme la tonta no era mi fuerte.
—Antes de estacionarme había alguien más ¿Quién era?
Dios mío pero qué insistencia la de él.
—Y es tu bendito problema, ¡Joder! ¿Por qué le tomas tanta importancia?
—Sky yo...— Su mandíbula se tensa y sus ojos empiezan a transformarse en verdadero arrepentimiento.
— Lo siento ¿Sí? — Suelto tras un suspiro, al sentirme culpable. — Es solo que me lo dices como si no sé, yo fuera algo más y sabes que no voy a permitirlo.
— ¿Tienes que ser siempre así? —Rodé los ojos al escucharle, sin siquiera poder evitarlo.
—¿Y tu puedes dejar de ser tan insistente?
— Sabes perfectamente como es, Kate. Para mí no es fácil, menos con todos nuestros recuerdos.
— Algún día tienes que superarlo, yo no estoy preparada para...
—Para una relación, lo sé.
—Pero no sé, quiero pensar que mientes, quiero seguir creyendo que tengo una oportunidad contigo.
No quise decirle más. Pues no quería entrar en detalles, ni tampoco dañarle más de lo que ya le hacía, rechazándole.
Y quien sabe, tal vez, y pudiera tener razón, el mundo daba muchas vueltas, demasiadas para saber que podía pasar cualquier cosa. Pero suficientes para saber también, que sea, lo que fuese que pasase, no me iba a rendir hasta conseguir lo que quería.
—¿Haz hablado con Katherine? —Su pregunta hace que me despierte de mis pensamientos y que le agradezca internamente por cambiar de tema.
—Aún no, la lavandería me roba mucho tiempo. Voy a tener que pensar en hacer otra cosa.
—Ayer me dijo que se quedó en un hotel de la ciudad.
—Sería milagro que alguien se tomara en serio por fin, lo que estoy haciendo.
—Espero en eso no me incluyas a mi — Me señaló. — Jason también me llamó. Me dijo que conoce de alguien que es muy bueno en eso de las computadoras. Te puede servir ¿No?
—Tal vez, aunque qué necesitaría yo tan importante para... — La cara de Brice me hace dudar de mi pensamiento en cuestión de segundos. — Tienes razón, dile que te dé el número, puede servir para algo.
—Él asiente.
Estoy por arreglar la bufanda que yace en mi cuello, y me inquieto al notar que no la cargo puesta.
—No, no....— Mis ojos recorren los alrededores y los asientos del automóvil.
—¿Qué sucede?
—Dios mío es que yo....
—Yo ¿Qué? Sky, no me angusties ¿Es por las bolsas?— Indaga.— Las coloqué en la parte de atrás.
—No, no es eso. Mi bufanda, ¿La haz visto?
—¿Tu bufanda? No Sky tu no cargabas puesto nada al entrar.
Mierda y más mierda.
Es imposible que se me haya caído, no podía siquiera imaginarme el hecho de que aquel idiota la fuera tomado sin darme cuenta. Esto no podía ser en serio.