Sara dejó el celular sobre la cama donde permanecía recostada. Después de colgar la llamada con Raquel, suspiró un poco preocupada por lo que acababa de oír con respecto a la posibilidad de un matrimonio arreglado e inevitablemente recordó aquella época. Ese había sido el problema que había orillado a su amiga a huir de casa. Sonrió nostálgicamente al recordarse en el parque vendiendo paletas para poder solventar sus gastos, que implicaba el deseo de continuar estudiando, cuando un par de meses atrás sus padres le habían quitado totalmente el apoyo, dejándola a la deriva y obligándola a buscar una forma de conseguir algo de ingresos sin descuidar sus estudios. —¿Qué precio tienen tus paletas? Preguntó la chica castaña con una sonrisa de comercial, haciendo que Sara se sintiera cohibida

