Raquel comenzó a reírse al verse en el espejo. No podía controlar su risa por la forma tan extraña en la que lucía con el cabello lacio. Durante sus 24 años nunca lo había hecho y esa mañana, después de colgar la llamada con Sara, dedicó tres horas para alisar su cabello y quizás así sentirse solo por esa mañana como otra persona, lejos del dolor y tristeza que conllevaba el dejar a su amiga y sobre todo al recordar a Samuel. Susana vio bajar de las escaleras a su hija que lucía con un vestido color blanco que le llegaba hasta las rodillas. Las sandalias color negras hacían un buen contraste con dicho vestido, y sobre todo se sorprendió de ver el cabello de Raquel que estaba un poco más abajo de sus hombros, a diferencia de los días anteriores con el rizado de su cabello que apenas rozaba

