Raquel caminó tomada del antebrazo de Sara y ambas bromeaban mientras entraban al gran salón. —Woah, para ser un evento de caridad, este salón se ve extremadamente costoso. —Nunca he entendido estos eventos. Respondió Raquel. Bajaron por algunos escalones a la parte baja del salón y ahí se encontraba la persona que los dirigió hacia la mesa que le correspondía. —¡Mira toda esa gente! Susurró con sorpresa Sara, observando a las personas con hermosos vestidos y trajes elegantes. —¿De qué crees que estén hablando? Cuestionó Sara. —Seguramente del día tan difícil que tuvieron al derrochar el dinero. —Ojalá alguno derrochara su dinero en la empresa. Raquel cubrió su boca para reírse disimuladamente de las ocurrencias de Sara. —¿Les puedo ofrecer algo? Preguntó el mesero a las dos c

