Mientras tecleaba arduamente Raquel la pequeña caja frente a ella, la voz que escuchó hizo que apartara sus ojos de la pantalla. —¡Feliz cumpleaños! Soltó en voz baja Aurora para no alterar el ambiente de concentración que había en el aire. Raquel sonrió conmovida. —Gracias. —Es un pequeño detalle. Ábrelo. Raquel sujetó la pequeña caja y al abrirla, unos hermosos pendientes de oro hicieron que sonriera. —¡Gracias!, ¡están hermosos! —Son los que te gustaron cuando fuimos a la plaza. Aurora era una persona tan bella por fuera y por dentro y estaba muy feliz de que después de que se mudara pudiera congeniar bien con Sara. En los últimos años hemos sido inseparables y eso era el mejor regalo que la vida me había dado, el tener dos fieles compañeras de vida. —Disculpa que llegué hasta

