— ¡Emiliano!. — Vuelve a murmurar, en cuanto le permito tomar algo de aire. — Perdón, perdón. A veces, me es imposible controlarme. — Me disculpo. — Mejor... bajemos a comer. — Propone, con la voz temblorosa. — ¡Claro!. — Concedo en el mismo tono. — Voy por mi bolso. — Anuncia. — Yo... Pediré el ascensor. — Completo y me doy media vuelta. Dos pasos adelante, decido devolverme para declararme de una vez sin tanto rodeo y oh sorpresa. Alicia sigue estática en la puerta de su habitación, mirando al piso. Levanta la mirada y yo sin perder el tiempo, acuno su rostro en mis manos, mientras acaricio sus mejillas. Empiezo a besarla y siento sus manos sobre mi cuello, a la vez que las mías viajan a su espalda. Sin detener el beso, entramos a la habitación y cierro la puerta detrás de mí.

