— Necesito que me jures, que nadie más va a saber de esto, Brenda. — Le pido entre sollozos. — Lo juro, amiga. Sabes que yo soy una tumba. — Responde con una leve sonrisa. Después de consolarme un rato, es obligada a irse, ya que no está permitido que los acompañantes amanezcan en la clínica. Noto una actitud extraña en ella, como si no quisiera contarme algo, pero ahora no tengo cabeza para nada. Lo más hermoso que me había pasado, el fruto de haberme entregado al hombre de mis sueños, ya no está y es un dolor que no le deseo, ni a mi peor enemiga. Es algo que seguro, me marcará de por vida. DOS DÍAS DESPUÉS... — ¿Lista?. — Pregunta la guardia, desde la puerta. — ¡Lista!. — Respondo terminando de arreglarme un poco, antes de irnos. Bajamos y nos está esperando una patrulla. Bren

