— ¡Guardia!. — La llamo, caminando por el lado de Emiliano hacia la puerta. Su mano entrelaza mi brazo, deteniéndome. — Por favor. — Me mira y sus ojos están llenos de lágrimas. — Tenemos que hablar. — Suplica con la voz cortada. — ¿Usted y yo?, ¿Hablar?. No me haga reír, señor Chávez. — Respondo lo más tranquila que puedo intentando safarme de su agarre, pero no lo logro. — Alicia, sólo escúchame, ¿Sí?. — Pide entre Sollozos. — ¿Acaso usted se tomó la molestia de escucharme, cuando más lo necesitaba?. Grito y logro safarme de su agarre. — Lo sé, fuí un auténtico cretino, pero me ganó el dolor. Se trataba de mi hija. — Se defiende. — Claro que se trataba de Abril. Por lo mismo, debió confiar en mí. ¿No le demostré que yo a esa niña la adoro?, ¿Que sería incapaz de hacerle daño?. — R

