Cap.04: Feliz cumpleaños a mí.
— ¡Mamá! — la llamé mientras la perseguía por todo el primer piso. Creo que era la décima vez que le hablaba y ella aún no me prestaba atención.
— Hyemin, ¿Puedes llevar esta caja? — preguntó y sin esperar mi respuesta la puso en mis manos.
— Está bien — suspiré mientras caminaba hacia la salida.
Genial, mi día de cumpleaños había cambiado totalmente. Gracias a la grandiosa idea de irnos de campamento todo estaba patas arriba; partíamos en la noche, pero mi mamá corría por todos lados buscando más y más cosas "necesarias" o que pudieran hacernos falta. Lo único común que había tenido por mi cumpleaños era la llamada de mi abuela y la de los chicos, la cual fue corta porque ambos entraron a un campamento de verano que resultó ser un poco más estricto de lo normal.
Cuando salí del departamento, justo la puerta de enfrente se abrió dejando ver a Jimin. Ambos conectamos miradas antes de que Jimin se dispusiera a hablar.
— Yo…eh… Déjame ayudarte — dijo haciendo el ademán de acercarse.
— Puedo sola — dije removiéndome.
— Lo sé, pero tengo que llevar otra cosa al estacionamiento y es mejor que solo vaya uno — punto a favor para Park, si yo le pasaba la caja tendría menos tiempo con él y eso me bastaba.
— Ten — dije entregándole la caja que tenía en mis manos y antes de que él pudiera decir algo salí corriendo escaleras abajo.
Con Jimin seguíamos sin hablarnos, es más, ni siquiera nos mirábamos. Debo admitir que era un tanto incómodo, pero no cedería solo por la incomodidad del momento. Habían veces en las que cerraba los ojos y ese día aparecía en mi mente, las risas, burlas y sobre todo el rostro serio de Jimin. Realmente lo odiaba más que nunca, y no precisamente por no hacer nada o ser el precursor de la broma, más bien era por haber tirado todo ese cariño y amistad que tuvimos algún día.
Cuando llegó a la tienda tomé una soda y unos cuantos snacks para comer en el camino, los necesitaría para tener algo con que evitar a Jimin ya que ambos nos iríamos en la parte trasera del auto. Al llegar al mostrador, la mujer allí me mostró una gran sonrisa.
— Hyemin — saludó.
— Hola, Señora Min — respondí a su saludo — ¿Tiene chicles de menta por ahí? — pregunté. Adoraba los chicles con sabor a menta, y normalmente los compraba dos veces por semana.
— Hace diez minutos se llevaron el último, lo siento Hye — se disculpó. Hice una mueca y después negué sonriendo. Estaba de mal humor pero no me desquitaría con alguien que no tuviera la culpa.
Volví a casa arrastrando mis pies contra el asfalto y deseando que algún camión se desviara del camino y me matara de una vez por todas, vaya, si que tengo una buena imaginación. Entré al departamento, mi mamá estaba hablando en el teléfono así que simplemente subí directo a mi habitación. La sorpresa fue que al entrar a esta había algo sobre mi cama y al ver que era pegué el grito de mi vida.
El último libro que necesitaba para completar mi preciada saga de Harry Potter estaba sobre mi cama. No era secreto que había estado ahorrando para un libro, pero luego de que mi celular cayera en agua tuve que gastar mis ahorros en uno nuevo. Estaba tan emocionada que al abrir la puerta no me di cuenta de que alguien estaba parado ahí y provoqué que chocáramos.
— L-lo siento — dije rápidamente mirando a Jimin — ¿Qué haces aquí? — pregunté al notar que definitivamente iba a golpear mi puerta.
— Yo... Ten — dijo entregándome un sobre de chicles de menta — Feliz Cumpleaños, mini-min — a penas terminó de decir eso salió de mi vista, dejándome parada fuera de mi habitación completamente en shock.
¿Jimin me había deseado un feliz cumpleaños? ¿Esto era real? Me pregunté una y otra vez mirando el regalo que me había dado. Moví mi cabeza hacia ambos lados tratando de olvidar ese hecho y bajé hacia donde mi madre.
— ¡Gracias, Gracias, Gracias! — chillé aún emocionada mientras la abrazaba.
— ¿Por qué? — preguntó riendo por mi emoción.
— ¡Es el mejor regalo de cumpleaños, gracias!
— No pensé que estarías tan contenta por eso ¿Enserio te gustó? — preguntó y asentí reiteradas veces — Que bueno. Ahora vamos a llevar lo último al auto, ya nos vamos.
Sin quitar la sonrisa de mi rostro fui por lo último que llevaría al campamento, y al darme vuelta vi un muffin sobre la mesa que decía "Felices 18, mi pequeña". Sabía que lo había hecho mi mamá, tenía esos toques característicos que hacían que sus dulces fueran únicos. A parecer, este no estaba siendo el peor cumpleaños en la historia de los cumpleaños.
(...)
Había ignorado a Jimin durante casi todo el viaje, aunque más bien ambos nos ignorábamos mutuamente. El problema fue cuando un extraño sabor invadió mi boca y las letras del libro que estaba leyendo comenzaron a distorsionarse, los puntos en mi visión no tardaron en aparecer y ahí fue cuando detuve mi lectura, estaba completamente mareada y si no quería devolver el delicioso muffin en el auto de MinYoung debía hacer algo para quitar el mareo.
Recordé todas cosas que me decía mi madre cuando era pequeña y me mareaba sin razón alguna mientras viajábamos en autobús. Inhala por la nariz y exhala por la boca, una, dos, tres veces y nada. Jimin pareció notarlo porque su vista se enfocó en mi y luego sostuvo mi mano.
— ¿Qué te pasa, Minnie? — preguntó preocupado. No fui capaz de responderle pero el se dió cuenta de lo que me pasaba — Dios, Hyemin, ¿Para que lees en al auto si sabes que te vas a marear? Solo concéntrate en otra cosa, como en... ¡Tú música!
— M-mi celular está atrás, en-n mi mochila — Jimin pareció frustrado, desordenó su cabello con su mano y suspiró antes de quitarse los auricular de al rededor su cuello.
— No es One direction pero sé que te gustará — puso ambos auriculares en mis oídos y apretó algo en su celular antes de que comenzara la canción.
La reconocí de inmediato, era Pillowtalk de Zayn y como él había dicho, si me gustaba. Lo miré sorprendida y el se encogió de hombros.
— La canción es buena — dijo restándole importancia.
Poco a poco fui dejándome llevar por la música y el mareo desapareció. Por el rabillo del ojo pude ver a Jimin sonreír, probablemente porque había logrado su cometido y justo antes de que la canción terminara me quitó uno de los auriculares.
— ¿Qué? — espetó — También quiero escuchar música.
El resto del viaje fuimos escuchando canciones al azar. La gran mayoría era de Big Bang y no era uno de mis grupos favoritos pero sus canciones eran buenas y pegadizas. Ningún momento había sido incómodo, o al menos hasta que llegamos al lugar y nuestra bella burbuja de comodidad fue explotada en mi pedazos cuando MinYoung mencionó el hecho de que estábamos muy juntos, ¡pero solo era debido a que los auriculares de Jimin eran demasiado cortos! Cómo era de obviar, ambos nos quitamos el auricular y salimos del auto manteniendo una distancia prudente entre ambos.
Si bien el lugar no era precisamente la "nada" (debido a que un par de metros más allá había una pequeña tienda y habíamos visto a otras personas acampando) la señal no llegaba a mi móvil, lo cual significaría que estaría desconectada del mundo cibernético por casi dos semanas enteras, lo que nos llevaba a casi dos semanas sin Jungkook ni Taehyung pero si con Jimin, ugh.
Desempacamos todo lo que habíamos traído y luego cada quien armó su tienda, aunque casi muero cuando MinYoung dijo que su tienda se le había quedado y que la única solución era que Jimin durmiera junto conmigo, gracias al cielo Jimin dió la idea (ya que yo estaba en shock) de que ella y mi madre durmieran juntas.
Más tarde mi madre y MinYoung me habían cantado feliz cumpleaños fingiendo que el encendedor era una vela para así poder pedir un deseo de cumpleaños.
— Vamos Hye, pide un deseo — me animó MinYoung. Cerré fuertemente mis ojos y susurré:
Solo deseo que estas sean unas buenas vacaciones.
Rogando para que el destino no fuera tan desconsiderado conmigo había puesto todas mis ganas y entusiasmo en ese deseo el cual quizás se haría realidad, o quizás simplemente me ilusionaría.
— Oye — escuché la voz de Jimin detrás de mí antes de que se sentara a mi lado — Se que no nos llevamos bien y que me odias, pero ¿Podríamos dejar de lado todo eso solo por estas dos semanas?
— ¿Y por qué debería hacerlo? — pregunté sarcásticamente.
— Porque sé que no quieres que tu madre la pasé mal — respondió con una sonrisa triunfante.
— Genial — mascullé — Está bien, te soportaré estás dos semanas.
— Trato hecho — sonrió apretando mi mano, antes de levantarse de mi lado — ¡Ah si! — dijo tendiendo una taza de café — Feliz cumpleaños, Hyeminnie.