KANSAS “Todo el dolor se terminará en un segundo” —vuelve a hablarme aquella insistente vocecilla en mi mente, esa voz que me repite a diario que soy la única culpable de haber asesinado a ese bebé. Si no hubiese sido por mi inmadurez, él nunca hubiese estado dentro de mí, si no hubiera sido por mi ir y venir, él hubiese crecido con normalidad, pero no lo soportó, aquel “feto” a como lo llamaron los médicos, simplemente se resistió a continuar. Me cruzo la baranda del puente y miro hacia abajo, soy capaz de escuchar el ruido del río al correr, si tenía suerte, sería instantáneo, tan solo esperaba que mis padres y hermanos fuesen capaces de perdonarme. Cierro los ojos y me impulso, pero en el instante en que trato de caer, una mano aprisiona mi muñeca, impidiéndome dar un solo paso más

