Los terrores del bosque Susurrante
Eva Grimm no podía entender lo que sucedía a su alrededor, la confusión y la locura lentamente empezaban a dominar su alma. No era la primera vez que ella dirigía una misión de exploración a tierras desconocidas, pero aquella fatídica misión amenazaba con ser la última.
El viento mecía con violencia las ramas de los árboles a su alrededor y una densa bruma empezaba a asentarse en el suelo del bosque, haciendo que su visibilidad disminuyera, el macabro trinar de las aves que resonando en sus oídos la inquietaba mientras corría desesperadamente en busca de la salida de aquel bosque.
Ella no debería estar sola, el grupo de exploración del que formaba parte, debía estar compuesto de más de cien soldados que no podían ser vistos en las inmediaciones. ¿Cómo era posible que más de cien personas simplemente se perdieran en el bosque?
Esa y una infinidad de preguntas más pululaban en su mente. No había rastros de que estuviese siendo perseguida. Sin embargo, ella sentía que ese era el caso, por lo que volteaba la mirada ocasionalmente solo para verificar que estaba completamente sola.
Nunca debió aceptar una misión como esta, esa era la frase que se repetía constantemente. Incluso si la posibilidad de encontrar a su hermano desaparecido existía al aceptar la misión, ella debió buscar otros métodos para encontrarlo. Jamás debió pisar tierras que se rumoreaba, estaban malditas.
Mientras cruzaba el bosque sin un rumbo fijo, podía observar aquellas macabras luces azules que decoraban los c*******s de soldados que se habían adentrado en el bosque, hace ya mucho tiempo atrás.
A su alrededor solo había un interminable espectáculo de c*******s empalados, algunos todavía estaban en estado de descomposición y de otros no quedaban más que huesos. Sin embargo, el mensaje era claro: No se acerquen.
—“¿Cuánto tiempo llevo corriendo?” Eva se detuvo un momento en un intento por recuperar el aliento, el gélido aire del bosque lentamente llenaba sus pulmones mientras se recuperaba “Este debería ser el camino correcto ¿Por qué no he visto todavía la salida del bosque? Tampoco hay rastro de los soldados que me acompañaban.”
Como respondiendo a sus dudas, un espantoso grito que calaba los huesos resonó a la distancia. Una voz masculina, cuya desesperación era claramente discernible penetraba sus oídos.
—“¿Por qué no has muerto todavía?” Sumándose a los gritos en la distancia, podía escuchar en su cabeza profundas y macabras voces que le hablaban constantemente “Aliméntanos” Las voces en su cabeza eran cada vez más numerosas. “Tu miedo es delicioso.” Cada voz que escuchaba en el interior de su cabeza, era más macabra que la anterior. “Aliméntanos con tu miedo.”
Con desesperación intentó cubrir sus oídos para acallar las voces en su cabeza. Al inicio, lidiar con las voces que plagaban el Bosque Susurrante no había sido problema. Después de todo, simplemente debía ignorarlas.
Sin embargo, ahora que se encontraba en una situación desesperada, ignorar las voces se tornaba una tarea cada vez más compleja.
—“¡Cállense!” Gritó con desesperación y se echó a correr nuevamente.
Su costado dolía y el oxígeno que penetraba su garganta constantemente empezaba a producir un molesto ardor. Su cuerpo le informaba que estaba a punto de llegar al límite de su resistencia.
Solo entonces se detuvo, no podía correr más, sus piernas temblaban como las de un ciervo que acaba de nacer y sentía que sus pulmones explotarían si deba otro paso. Al quedarse sin opciones la frustración se apodero de la totalidad de su sentir.
—“Muéstrese, sé que están ahí.” Gritó en busca de una respuesta a su situación.
No hubo respuesta al desesperado reclamo de Eva, en su lugar, el trinar de las aves que se escuchaba cada vez más cerca se detuvo repentinamente ¿Cómo era posible que una destacada exploradora de rango Maestro como ella estuviera en tal situación? No lo sabía, lo que sí que sabía, era que los árboles se mecían con más violencia conforme la respuesta a todas sus preguntas se acercaba a su posición.
Repentinamente, las voces en su cabeza se detuvieron completamente, el trinar de las aves también se había ido y lo único que podía escucharse era la gentil caricia del viento sobre las hojas de los árboles.
Con extremo cuidado, revisó sus alrededores en busca de posibles agresores, mas no encontró nada. No había rastros de que algo se estuviese acercando a su posición, no importaba cuanto revisara los alrededores, o ese fue el caso hasta que se le ocurrió levantar la mirada para revisar las copas de los árboles.
Fue entonces cuando descubrió que estaba rodeada, en las copas de los árboles había varias figuras que la observaban con frías y desconfiadas miradas. A simple vista parecían ser jóvenes de no más de 13 o 14 años, todos ellos con apariencias que cualquier noble envidiaría.
Si bien, aquellos jóvenes eran extremadamente hermosos, sus miradas no lo eran. Eva no sabía qué clase de infierno debía atravesar una persona para tener ojos como los de los pequeños que la observaban, pero era evidente que ella no era bienvenida en el bosque.
Una mirada más atenta, reveló la terrible verdad. En las manos de algunos de los jóvenes en los árboles, se podían observar las cabezas de algunos de los soldados que la habían acompañado, sus expresiones de terror aún eran visibles en sus rostros mientras colgaban de sus sedosas cabelleras en las manos de los pequeños que la observaban.
¿Cómo era posible que aquellos jóvenes pudieran abatir a los experimentados soldados que la acompañaban? Incluso si supiera el motivo, estaba rodeada por aquellos jóvenes capaces de abatir a soldados veteranos.
Era evidente que ni con todas sus capacidades podría sobreponerse a tales adversarios. En términos numéricos no tenía oportunidad e incluso si fuese un duelo uno a uno, estaba cansada mental y físicamente.
Los desconfiados jóvenes la observaron por lo que pareció ser una eternidad, hasta que uno de ellos cayó del árbol en el que se encontraba. El muchacho no intento amortiguar la caída de ninguna forma, simplemente cayó del árbol amortiguando el impacto de caída solo con la monstruosa fuerza de sus piernas.
Eva entendió su situación en cuanto vio al muchacho. Ciertamente, los otros eran imponentes y escalofriantes, pero el joven frente a ella era intimidante a una escala diferente, tenía una gélida mirada y en su mirar no había ningún rastro de compasión o simpatía, solo estaba ahí observándola como si no fuera más que una piedra en su camino.
Unos profundos ojos de un azul eléctrico brillaban ligeramente en oscuridad del bosque, mientras evaluaban de forma clínica a su asustada presa.
—“¿Por qué has venido a nuestro hogar? ¿Acaso los tuyos no han tenido suficiente con masacrar a nuestro pueblo?” El joven la interrogaba con una voz profunda, al punto que era difícil de creer que dicha voz proviniera de un joven de 14 o 15 años.
Cuando intentó razonar con la persona frente a ella, descubrió su terror. No importaba lo mucho que quisiera hablar para explicar su situación, su voz se negaba a salir de su boca. Ya solo podía dar pequeños pasos hacia atrás en un intento por alejarse de aquel joven.
—“Y-yo…” Su voz se quebró y su respuesta vacilaba
Solo pudo decir esa palabra, el miedo se había apoderado de ella. No importaba cuanto quisiese gritar amenazante o avanzar hacia adelante para tomar al joven como rehén, su cuerpo se negaba a obedecer sus órdenes.
El joven sacó un macabro cuchillo hecho de hueso de entre sus ropas y un par de espeluznantes alas esqueléticas similares a navajas empezaron a emerger de su espalda, dejando un hermoso rastro carmesí a medida que salían de su espalda.
—“M-monstruo…” Esa fue la única palabra que pudo pensar en aquel momento.
—“No somos monstruos, pero dado que su pueblo deseaba que lo fuéramos... Decidimos cumplir su deseo.” La respuesta fue corta y clara.
—“E-espera, yo solo he venido a buscar pistas sobre el paradero de mi hermano. Yo jamás…” Su suplicante respuesta fue interrumpida súbitamente.
—“No tengo interés en nada de lo que tengas que decir.” La espeluznante criatura no detuvo su paso.
—“¡Espera! ¡Te lo suplico!” Eva retrocedía a medida que la criatura se acercaba, hasta que el árbol que estaba tras ella bloqueo su camino y terminó arrinconada entre un árbol y el monstruo frente a ella.
—“Parece que ha llegado al final del camino señorita.” El monstruo le susurró con una macabra voz mientras arrinconaba a la asustada Eva contra el árbol.
—“P-por favor…” Esas fuera las últimas palabras que Eva pudo decir, antes de que su suplicante voz se apagara gradualmente, junto con la tenue luz de aquel rojizo atardecer.