Continuamos nuestro camino, no quiero hablar con él, nos es pues de esperar como boba una llamada que nunca hizo.
No alcanzamos a avanzar muchos pasos cuando llega corriendo frente a mi, lo veo y es inevitable querer mandarlo a la mierda, por otro lado quiero abrazarlo y olvidar todo lo malo.
— Quiero hablar contigo — dice con timidez
— Pues yo no, quería ese día pero ahora no — digo avanzando para seguir mi camino
— No guarde tu numero, por eso no pude llamarte… — dice bajo
Mi amiga me mira como diciendo “es en serio” cierro los ojos y suspiro, quiero voltear y hablar con él, pero si lo hago mi amiga me golpeará, la conozco y nunca le ha gustado que con una excusa la chica perdone a los idiotas como dice ella.
Nicolás se pone frente a mi, me mira y veo en sus ojos tristeza, soy una maldita boba, pero asiento
— Esta bien hablemos — escucho a mi amiga bufar
— Volvamos donde están los demás así no te quedas sola — le dice Nicolás a mi amiga
Hasta ahora me doy cuenta que no les he dicho su nombre ella es Ágata, ambas cursamos la secundaria solo que ella en otro establecimiento educacional.
— Ya que… — dice levantando los hombros
Avanzamos uno al lado del otro, sin tomarse las manos ni nada, como si fuéramos un trío de conocidos que van en la misma dirección.
Al entrar al local vemos a sus amigos sonriendo y bebiendo, nos unimos a la mesa y Nicolás me pide una cerveza, la acepto, total a veces bebo, no mucho, pero si no hago. Ágata comienza a hablar con uno de los chicos, uno que ambas sabemos le gusta, espero que el idiota se dé cuenta y pueda verla como ella lo ve a él.
Nicolás está serio, como siempre, es demasiado introvertido, al beber sus cervezas comienza a dejar salir la personalidad que tiene escondida.
Alrededor de dos horas después, ya me encuentro cansada de estar sentada a su lado cuando él solamente se dedica a hablar con sus amigos, hasta el chico que le gusta a Ágata le toma más atención que Nicolás a mi. Eso me cabrea y me hace sentir que fue una mala idea aceptar venir.
Estoy pensando en eso cuando el recién nombrado me mira y dice
— ¿Quieres habla en otro lugar con menos ruido? — asiento, es lo ideal
— Le avisaré a nuestros amigos, para que cuiden a tu amiga — me avisa y asiento
Nos vamos, esta vez al salir me toma la mano, me asombra el hecho, pero no digo nada y continuo avanzando de su mano.
Llegamos a una plaza, nos sentamos en una banca y espero que Nicolás comience a hablar
— Puede que no me creas, pero de verdad me gustas y quiero estar contigo, es solo que me cuesta demostrar mis sentimientos — me dice acariciando mi mano.
— De verdad creí que ya no me volverías hablar, ya sabes como si nada paso — respondo mirando el suelo
— No es así. De verdad me encantas — vuelve a insistir tomando mi rostro y besando mis labios.
Después de esas pocas palabras y casi nada de besos, volvemos al local donde esta mi amiga, al entrar la veo riendo con el amigo de Nicolás, que ni el nombre me sé. Nos sentamos a su lado, en esta ocasión entramos tomados de la mano, lo que a mi amiga no le pasó desapercibido.
Continuamos compartiendo entre todos, ya pasadas las horas es tiempo de volver a casa, esta noche como siempre me quedo a dormir con mi amiga, la suerte es que Nicolás vive cerca de ella, así que cada vez que vengo tengo las opciones de verlo.
Siento que mis sentimientos por él van demasiado rápido, pero es algo que no puedo evitar, no puedo mandar en mi corazón.
El amigo de Nicolás, él, mi amiga y yo tomamos camino a la casa de Ágata. Llegamos mientras ellos hablaban y Nicolás y yo solo manteníamos silencio tomados de la mano. Estando en la puerta dejo de ver a mi amiga para mirar a Nico, este me mira y sonríe, se acerca y besa mis labios de forma lenta y solo con un roce de labios, nada más.
Luego se despide y dice que hablaremos durante la semana. Eso me hace perder las esperanzas, es lo mismo que dijo la semana pasada y no pasó. ¿Qué seria diferente ahora? Creo que nada, no se que pasará, solo sé que no me dejaré estar por una llamada que nunca existirá.
Cuando nos acostamos mi amiga me dice
— Ahora cuenta que paso — dice sonriendo
— Ah no, nada de eso, ¿Qué está pasando con el chico amigo de Nicolás? — le digo seria y cruzando los brazos
— ¿Con Andrés? Estamos comenzando algo, queremos ver que pasa entre los dos, pero nada apresurado, solo estamos conociéndonos como amigos y ver que surge mas adelante — me dice sonrojada
— Que bueno, amiga solo tienes que ver que sucede con el tiempo — le aconsejo
— Si, eso haré, ahora no te hagas la loca y cuenta que paso con tu chico — dice riendo
— Bueno, me dijo que le gustó que quiere estar conmigo, solo que es muy tímido eso lo entiendo. Pero esta semana quedo en estar en contacto, veremos que sucede, aunque ya decidí que no estaré esperando algo que no sucederá, el fin de semana que viene es la fiesta de una compañera de mi curso y me invitó, iré y conoceré gente no quiero quedarme estancada por un chico que no se atreve a demostrar lo que siente — le digo bostezando
— Bueno vamos a dormir, mañana veremos que pasa con los chicos — me dice ella y nos quedamos dormidas
Sábado y despertamos al medio día, la tía nos dice que saldrán con mis padres, por lo que vamos a quedar solas con la niñera que nos llaman en esas ocasiones, lo que es un poco exagerado, tenemos 16 años podemos cuidarnos solas, sin embargo nuestros padres no lo entienden.
Organizamos un sábado en casa, comemos comida con grasa y vemos películas. Ninguna de las dos quiere pensar en los chicos, queremos tener un día de amigas y es lo que hacemos.
A media tarde el celular de Ágata suena, ella contesta y por la sonrisa que puso sé que es Andrés quien la llama. Le doy espacio para que pueda hablar con confianza y voy a la cocina donde está la persona que es la encargada de cuidarnos. Mariela, es una señora de 50 años, que nos vio crecer ya que es vecina de mis tíos, siempre es la única persona autorizada a cuidarnos y llevarnos de paseo. Nos entiende y consciente, nos conoce muy bien, al verme llegar me dice
— Cuéntame que pasa —dice señalando el asiento a su lado
— Nada nana, solo que Ágata recibió una llamada, así que le di espacio — contestó levantando los hombros, restándole importancia
— Entiendo, si no quieres contarme no te preocupes, no te insistiré. Solo te voy a dar un consejo, no dejes que tu luz y tu estado de ánimo dependa de nadie más que no sea de ti, eres la única que puede decidir sobre ti — dice sonriendo
— Gracias nana, pero no se a que te refieres, estoy bien — digo saliendo e la cocina
Voy al dormitorio donde están mis cosas, le envío un mensaje a mis padres pidiendo permiso para ir a dar una vuelta a la playa, si siempre pido permiso soy menor de edad.
“Querer es poder”