Sebastián Noe se me acercó apenas me acomodé en mi banco y me pidió que saliéramos. Dejé mi mochila en la silla y la seguí hasta la sala de preceptores. Me hizo entrar antes de acercarse a su escritorio. La miré sin entender muy bien qué quería, me traía solamente cuando mis compañeros se acordaban de mi existencia y le pedía auxilio. La observé revolver un cajón hasta sacar un montoncito de lo que parecían ser tarjetitas agarradas con una gomita elástica que las mantenía juntas, las miró unos segundos antes de acercarse a mí. —No sabés lo que luché para que tus compañeros me dieran las entradas que te corresponden para la fiesta de egresados. —Me entregó el montoncito—. Sé que no te las iban a dar si no se las pedía yo misma. Seguro que ni siquiera te habían dicho que las entregaron ay

