Facundo Después del “sí, acepto” y el beso de los novios, salimos a sacarles fotos y arroz a Gabriel y a Manuel, que nos saludaban sonriendo a todos los invitados. Cuando Gabo me vio, se me acercó con una sonrisa todavía más amplia si podía. Nos abrazamos con fuerza, ya habían pasado casi tres años desde la última vez que pude abrazarlo en Villa del Carmen, lo había extrañado tanto, aunque habláramos seguido, no era lo mismo que verlo ahí, de carne y hueso, poder escuchar su voz sin un aparato de por medio. Una vez que se separó, desvió la mirada hacia atrás mío, al chico que me acompañaba con vergüenza más atrás, había estado llorando en la boda, pero estaba seguro que su vergüenza se debía a lo que había pasado y no al llanto. —Me alegra verte acá, Sebas. —Gracias por invitarme tamb
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


