Sebastián Miré a Facundo ir y venir en el almacén, limpiando, acomodando y atendiendo a la gente que venía. Casi me sentía culpable de no estar haciendo nada más que cebar mates y tratar de iniciar una conversación que era obvio que él no quería tener conmigo. Después de ofrecerme venir otro día, ya no me volvió a hablar. Pensé que se había arrepentido de ofrecerme algo así, pero no quería que me lo dijera a la cara, no ahora por lo menos, que había recuperado un poco el humor. Miré la hora, eran casi las siete, me había pasado casi toda tarde ahí con él. No era que me quisiera ir, si fuera por mí me quedaría toda la vida acá, viéndolo ir y venir, pero no podía quedarme. Me levanté para dejar el mate con el termo en el mostrador, él me miró, pero no me dijo nada, seguramente ya sabía que

