A las cuatro de la tarde tocaron a la puerta, Mirla miro por el visillo de la puerta y su corazón comenzó a palpitar aceleradamente; no sabía si avisarle a George o dejarle pasar directamente; reaccionando de su estupor, recordó que ella no debía dar señales de conocerla . —¿Quién es? —pregunto muy agitada. —Soy Fabiola, la esposa de George —Espere un momento por favor, voy a avisarle —dijo Mirla. —Su esposa Fabiola está en la puerta —dijo Mirla cuando George abrió la puerta de su cuarto, después de haberle llamado. —Deja que yo la recibo —dice George, sin ocultar su asombro, por la llegada inesperada de Fabiola. Mirla entro a prisa a su cuarto; no deseaba presenciar aquel encuentro, no estaba segura, si podía soportar la escena de verlos abrazados y besándose; sintió celos y deseand

