—«Se han marchado juntos», pensó Mirla sintiendo celos, cuando salió de su habitación y ya no estaban; no podía acostumbrarse a que ellos eran pareja y que esto era normal que anduvieran juntos. No podía esperar que George renunciara a todo; él había construido parte de lo que sería su vida sin ella, y no podía exigirle que él lo cambiara todo solamente porque ella le había dado algunas pistas que le hacían suponer que estaba viva. El timbre de la puerta, interrumpió sus pensamientos. —Buenos días María —Saludo Mary cuando entro al apartamento. —Hola Mary; George no se encuentra, pero igualmente eres bienvenida —dice Mirla, alegre de ver a su amiga. —Gracias María, me le escape a mi esposo un momentico para venir a visitarlos —dice Mary, mirando fijamente a Mirla. —¿Tu esposo? —preg

