CENA.

2117 Palabras
Lucca había echado de menos a Alessia, tanto que dolía, y ahora por fin la tenía después de dos semanas sin verla. No pudo contener su emoción, y antes de saludar o decir cualquier otra cosa, la tomó entre sus brazos y la besó con tal pasión que sintió su cuerpo arder por el deseo y el amor que sentía. Allegra no estaba preparada para el ataque de Lucca, nunca imaginó que sería así su primer encuentro. Intentó separar sus labios de él, pero este se aferró a ella de tal manera que le fue imposible alejarse. Las manos de Lucca la tenían atrapada y pegada a su cálido cuerpo. El olor masculino casi embotó sus sentidos, al punto de hacerle olvidar la verdadera razón por la que él estaba besándola. Trató de separarse una vez más, pero la caricia de los dedos sobre su mejilla la hizo desistir; era una caricia tierna y delicada, como nunca la habían acariciado y como posiblemente nunca lo harían. —Te eché tanto de menos —susurró Lucca, poniendo su frente sobre la frente de Allegra. Su cálido aliento rozaba sus labios, ella tenía la respiración agitada debido al beso. Su cerebro se fue al limbo y se olvidó momentáneamente de aclarar la situación. —Alessia —murmuró tomando los labios de Allegra nuevamente entre sus labios. El cerebro de Allegra hizo clic al escuchar el nombre de su hermana. ¿Qué locura estaba permitiendo? Negó y se apartó con delicadeza del cuerpo de Lucca. Afortunadamente esta vez él no opuso resistencia, pero ¿qué le diría ahora? Observó fijamente los ojos grises del hombre y se aclaró la garganta dispuesta a disculparse primero y a aclarar ese malentendido. —Lucca —dijo respirando profundamente—. Tenemos que hablar. Lucca sonrió al verla sonrojarse. El beso había sido totalmente distinto a los que habían compartido en el pasado. Su cuerpo y sus sentidos no podían pensar en otra cosa que no fuera hundirse en ella. —Hablaremos en la cena de esta noche —dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Allegra se sintió incómoda y no de mala manera. Todo lo contrario, se sentía en una nube, aun con el pleno conocimiento de que todo era un lamentable error. —¿Cena? —preguntó mientras abría los ojos, asustada. —Sí, quiero llevarte a cenar para compensarte estos días de ausencia —dijo dándole otro corto beso. —Lucca, escúchame por favor, no sé ni siquiera cómo decirte esto, pero… —¡Lucca, querido! Te has demorado tanto esta vez —interrumpió Consuelo con premura. Había estado atenta, escuchando detrás de la puerta, preparada para arreglar cualquier cosa que Allegra quisiera arruinar. —Señora Ferrer, encantado de verla. Tendrá que perdonarme por saltar el protocolo, pero no podía esperar más para reunirme con Alessia, y Lucio no tuvo problemas en que viniera a saludarla —dijo con una sonrisa que conquistaría legiones sin necesidad de una pelea. —Por Dios, no tengas cuidado. Lo importante es que estás de regreso y con bien. No sabes lo ansiosa que ha estado Alessia, nos hemos ocupado de todos los detalles de la boda. Estoy deseando que la semana pase con prontitud —dijo con una sonrisa tensa observando a Allegra con intensidad. —No es la única que está deseando que los días pasen, señora Ferrer. Jamás los días fuera del país se me hicieron eternos como estas dos semanas —sonrió de nuevo—. He invitado a Alessia a cenar esta noche —dijo provocando que el cuerpo de Consuelo se tensara. Sabía que estando ellos dos a solas Allegra podía fácilmente echar a perder sus planes. —Me parece maravilloso de tu parte Lucca, me gustaría acompañarlos —dijo con nerviosismo. —No tengo ningún problema con su presencia, señora Ferrer, pero siendo sincero, me gustaría pasar una velada a solas con mi prometida. —Los ojos de Lucca se posaron sobre Allegra, y por primera vez se sintió perdida con una sola mirada. —Por supuesto, tienes razón. No se vería correcto ser la tercera rueda —fingió lo mejor que pudo para evitar que su nerviosismo fuera tan obvio—. Lucio te espera en el despacho para tratar asuntos de trabajo, por favor no lo hagas esperar, mientras me ocuparé de que Alessia esté lista para ti. —Gracias. Alessia por favor no demores —dijo al mismo tiempo que le guiñaba el ojo. Allegra no era dada a las coqueterías. En sus veintitrés años de vida había tenido un solo novio, que la había dejado tras enterarse de que estaba renunciando a su vida acomodada. —Supongo que no tengo que advertirte nada, Allegra. Irás a esa cena y te comportarás tal como lo haría Alessia. Tienes prohibido decir la verdad, o me obligarás a tomar medidas drásticas —amenazó mientras buscaba un vestido elegante en el closet. Allegra optó por no discutir con su madre. ¿Qué sentido tenía? Sus padres no eran como ella imaginaba. Creía que como todos tenían sus momentos de enojo, pero al punto que estaban llegando la superaban en todo. —¡Estás hermosa! —expresó Consuelo media hora después. Allegra guardó silencio, era consciente de que al hacerlo estaba aceptando lo que sus padres deseaban, sin embargo, ella tenía sus propios motivos para aceptar la cena con Lucca. —Bueno… pon tu mejor sonrisa y baja. Él espera por ti. Mientras tanto Lucca terminaba de conversar sobre los acuerdos pendientes que no se habían establecido en los documentos. Lucio estaba encantado con los acuerdos y sobre todo con la cantidad de dinero que Lucca inyectaría como capital. Luca se despidió de su futuro suegro, y abandonó el despacho para esperar a Alessia, pero no fue necesario, ella bajaba por las escaleras con el vestido verde esmeralda que le había obsequiado la semana antes de marcharse. Entonces no había tenido oportunidad de verla con el vestido puesto y le quedaba sencillamente maravilloso, junto al juego de joyas que también le había comprado en San Valentín. —¡Wow! ¡Seré la envidia de todos los hombres esta noche! —exclamó con fascinación, mientras le ofrecía el brazo como todo buen caballero. Allegra sonrió ante las palabras de Lucca, era una sonrisa forzada que no pareció notar. —¿Nos vamos? Lucca se despidió de sus suegros para salir con Allegra colgada de su brazo. Ella estaba nerviosa, su corazón estaba acelerado y su boca estaba seca. ¿Cómo podía explicar lo que sucedía y apelar al amor que le tenía a Alessia? —¿Sucede algo? —preguntó Lucca al darse cuenta de que ella no había prestado atención a su conversación. —Estoy nerviosa, Lucca. Yo… me gustaría hablar contigo sobre un tema muy delicado —dijo con poca seguridad. Apretó sus manos en dos puños disimuladamente, ¿Qué le ocurría? ¿Por qué dudaba? —Sabes que podemos hablar de todo lo que deseas Alessia, pero por ahora solo quiero disfrutar de este momento a tu lado. ¡Te extrañé tanto! Después de nuestra boda me niego a dejarte atrás, tendrás que venir a dónde yo esté, o me volveré loco —aseguró con fervor, dejando a Allegra con una extraña sensación en el pecho. ¿Cómo reaccionaría Lucca a la verdad? ¿Tendría el valor para romperle el corazón? ¿Y qué pasaba si Alessia moría? Sus cuestionamientos fueron interrumpidos al sentir la mano de Lucca rozar su mejilla. Ella giró el rostro para verlo, y él aprovechó para darle otro apasionado beso que no pudo rechazar e involuntariamente abrió la boca para recibir la lengua de Lucca. Lucca profundizó el beso, Alessia no siempre era tan receptiva y hoy se sentía complacido ante su respuesta. Quizá ella también lo había extrañado. Allegra gimió dentro de la boca de Lucca al sentir el roce de sus manos por encima de su vestido, se apartó sonrojándose hasta la punta del cabello. —Lucca, por favor —dijo con las mejillas sonrosadas. —Lo siento Alessia, me he dejado llevar —dijo con cierta dificultad. Su respiración se había acelerado y qué decir de la reacción de su cuerpo. Se sentía avergonzado ante su propio comportamiento. Allegra asintió incapaz de encontrar su voz, mientras Lucca encendía el auto para salir al restaurante. El trayecto al sitio lo hicieron en completo silencio. Allegra por su parte se dedicó a observar la ciudad por la ventanilla, pensando en la manera de aclarar las cosas con Lucca, aunque después de varios besos, sonaría poco creíble su explicación, como, por ejemplo: ¿Por qué se había dejado besar? —De verdad lo siento, no quise y no quiero hacerte sentir mal. Lamento mi falta de control —se disculpó nuevamente. Allegra giró el rostro para verlo y pudo notar que las manos de Lucca se aferraban con fuerza al volante, hasta que sus nudillos se pusieron blancos. —Estoy bien, Lucca, perdona mi reacción —se disculpó sintiéndose culpable. —Olvidemos este pequeño incidente y disfrutemos de nuestra cena —sonrió él tratando de aligerar las cosas entre ellos y Allegra no pudo más que aceptar. Lucca estacionó y ayudó a Allegra a descender del auto, caminaron hacia el restaurante. Fueron guiados por el mozo que los llevó a un área especial. Lucca como todo un caballero, apartó la silla para que Allegra pudiera sentarse. Ella se sentía un tanto incómoda debido al vestido. Prefería mil veces vestirse con ropa holgada y sencilla. «Unos jeans serían perfectos», pensó mientras agradecía con una sonrisa la amabilidad de Lucca. Observó el restaurante con poco interés, era exclusivo y caro por supuesto. Lo que se esperaba de un magnate… ¿de qué? Ni siquiera sabía a qué se dedicaba Lucca o cuáles eran sus intereses en la fusión con una empresa de telecomunicaciones. —Te noto un poco ausente. ¿Estás segura de que todo está bien? —preguntó mientras observaba la carta. —No, no todo está bien. ¿Por qué has enviado los papeles antes de la fecha acordada? —preguntó tomando la carta entre sus manos, solo por ocuparse en algo. —Cariño, sé que tus mayores preocupaciones se deben a la crisis que atraviesa la empresa de tu padre, y si yo puedo ayudarte lo haré sin dudar —dijo tomando la mano de Allegra—. Confía en mí. Allegra asintió. El mozo se acercó para tomar las órdenes, no sin antes servir dos copas de vino tinto. —Gracias —susurró Allegra, rogando por que el vino le diera el valor que necesitaba encontrar para hablar con Lucca de una buena vez. El mozo se marchó y en menos de quince minutos la cena les fue servida. Vermicelli con le vongole, un tipo de spaghetti con almejas. Comieron en completo silencio y Allegra lo agradeció, mientras se armaba de valor para poder sostener la conversación más importante de su vida. Lucca por su parte se sorprendió en primera instancia por la elección de comida que ella había hecho. Segundo, estaba fascinado con la idea de que ella desistiera de hacer dietas y disfrutara de cada bocado de la manera que lo estaba haciendo. Se sentía atraído irremediablemente. Era como ver a otra Alessia. Claro la idea era totalmente descabellada, sería totalmente imposible. —¿Qué sucede? —preguntó Allegra al sentirse observada. —No es nada, me fascina verte comer, eso es todo. Allegra volvió a sonrojarse y no supo qué decir. Una vez que terminaron de cenar, el mozo se hizo cargo de limpiar su mesa y trajo una nueva botella de vino. Lucca lo despidió y sirvió personalmente las copas. —Por que nuestro matrimonio este lleno de felicidad —dijo levantando la copa con una sonrisa en los labios. Él bajó la copa y sacó un pequeño estuche. El corazón de Allegra se estremeció al darse cuenta de lo que era. ¿No tenía su hermana ya el anillo de compromiso? Bajó la mirada a su dedo anular y volvió la vista a Lucca, quien abrió el pequeño estuche revelando un hermoso anillo con un diamante azul zafiro, el mismo color de sus ojos. —No pude resistirme, apenas mis ojos se posaron en él, supe que debía ser tuyo —sacó la hermosa joya y pidió la mano de Allegra para tomarla entre sus manos y colocarle el anillo, donde debía estar el de compromiso. Si Lucca se dio o no cuenta de la falta del anillo, no hizo comentario alguno. En su lugar él dejó un beso sobre su mano antes de volver a brindar por su inminente unión. —Lucca…
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