Estaba seguro de que Castiel me buscaría al día siguiente, pero no fue así. Tampoco lo vi al siguiente de ese, y una preocupación alarmante creció en mi cuando no lo vi en la acera de enfrente el lunes a la hora de la salida. Me sentía observado y mi cuerpo estaba tenso todo el día, esperando a ser atacado en cualquier momento. Pero la semana pasó tranquila, sin noticias de Castiel y yo me sentía liberado. Aunque había algo que me molestaba con frecuencia y que trataba de ignorar. Castiel me había dicho algo que no podía ser tomado a la ligera, y de nuevo llegué a mis conclusiones de que el tipo estaba enfermo de la cabeza. Aun así, no creía ni una de sus palabras y no lograba entender la razón de su aspecto de felicidad cuando le pedí que me besara. Una extraña sensación me invadió y no

