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954 Palabras

El resto de la semana fue parecida a la anterior. Íbamos a su departamento y conversábamos, o, más bien, él hablaba mientras yo fingía interés. Descubrí muchas cosas sobre Castiel, como, por ejemplo, que le gustaban los días soleados, prefería estar como lobo que como humano, no le gustaba bañarse sin su cola o sus orejas, y que le gustaba la carne cruda. También me di cuenta de que su temperamento era muy raro. En sí, todo él era raro. Pero todo eso me daba igual. No veía el momento en el que se cansara de ese estúpido juego y me dejara en paz. Todo hubiera estado bastante tranquilo si no me hubiera obligado a besarle. Y fue el viernes cuando la bomba estalló. – Bésame. – Era lo hora en la que normalmente me iba de su departamento y en la cual me pedía que lo besara. Al principio me ne

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