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512 Palabras
Ese día fue muy extraño. Estuve toda la tarde con Castiel en su departamento, pero nunca me hizo nada. Decidí hacer caso a lo que me había propuesto y me senté en la mesa del comedor a hacer mis deberes. Él, por su parte, se puso a leer en el sillón. Estuvimos en silencio por un buen rato hasta que me preguntó si necesitaba su ayuda en algo. Yo ni quería su ayuda ni la necesitaba, pero aun así el insistió en ver lo que hacía. Me sorprendí al ver el libro que estaba leyendo y no pude evitar hacer una pregunta sobre él. – Estudio medicina. – Creí haber oído mal e hice un esfuerzo por no burlarme. Comenzamos a hablar un poco y durante esos momentos, Castiel parecía un chico común y corriente. Incluso, el brillo salvaje y lleno de furia que había en sus ojos no estaba y, a diferencia de antes, se encorvaba un poco para caminar. Una extraña sensación me invadió al pensar que Castiel estaba siendo él mismo, y llegué a pensar que afuera, en donde los demás veían y juzgaban, actuaba de manera diferente, como si quisiera demostrar su hombría al máximo. Aun así, Castiel seguía siendo alguien despreciable para mí y el miedo que me imponía no había disminuido nada. – Supongo que te preguntarás porque vivo aquí y no con la manada. – Levanté mi vista de la tarea y lo miré sin ánimos. Había notado que Castiel me hablaba sobre asuntos de su vida a pesar de que yo no le preguntara sobre ellos. – Bueno, mis padres decidieron que era mejor que viviera sólo. Pero como soy uno de los posibles alfas, tomaron mejor la decisión de darme este piso para venir cuando quisiera relajarme. – Un repentino interés se apoderó de mi cuando habló sobre los posibles alfas. ¿Había más de uno? Iba a preguntar, pero me interrumpió. Siguió hablando de su vida y cosas que a mí me daban igual. De todos modos no me interesaba absolutamente nada relacionado a él y comenzaba a hartarme de estar ahí. Decidí que era demasiado tarde y reuní todo el valor del que fui capaz para hacérselo saber. El pareció molesto ante mi comentario y frunció el ceño. Aun así me llevó hasta mi casa y se fue sin despedirse. Tuve que darle una breve explicación a mamá y ella pareció emocionarse con el asunto. Obviamente omití las partes en donde Castiel me había marcado como suyo y que casi me follaba afuera de la escuela. Me parecía ilógico pensar en esas cosas al recordar al chico con el que había pasado la tarde. Incluso llegué a meditar sobre que Castiel no era una mala persona y que me había hecho todo eso por causas desconocidas de la naturaleza; pero una bestia sigue siendo un monstruo aunque se disfrace de hada. Y mi conclusión fue que el pardo padecía de un problema mental o algo que se le pareciera. No importaba como fuera y como actuara, él seguiría siendo repugnante y asqueroso para mí.
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