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515 Palabras

Cuando llegamos al departamento, Castiel había dejado de sangrar. Subimos en silencio y yo sólo esperaba el momento en él que estallara y comenzara a romperlo todo, incluyéndome. Pero su calma me sorprendió. Se veía realmente sereno y eso me asustó más. Apenas habíamos entrado a su departamento cuando me jaló con brusquedad. Agarró una de las sillas del comedor y se sentó en ella, poniéndome en sus piernas, de frente a él. Asustado sentí su m*****o duro contra el mío y unas ganas de vomitar se apoderaron de mí. – Lámeme. – Lo miré sin comprender y su mano se movió con violencia hacia mí. Esperaba sentir un golpe contra mi rostro y me sorprendió el suave contacto de las yemas de sus dedos sobre mi mejilla. Usé todo mi auto control para no llorar de miedo. – Lame mis heridas. – Tragué sal

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