Desgraciadamente, no podía detener el tiempo o hacerlo más lento. El viernes llegó con una fría mañana y sin haber podido dormir nada. Mamá me despertó, y en lágrimas me dijo que lo lamentaba mucho, que había sido una idiota y que no quería que esto me pasara a mí. La abracé diciéndole que no llorara, pero para mis adentros pensé que se había dado cuenta demasiado tarde. A las pocas horas Castiel llegó por mí. Según había entendido que me arreglarían en su casa y me enseñarían lo que debería de hacer durante la ceremonia. Me despedí de toda la manada antes de irme, y, hasta que me subí a la moto de Castiel, comencé a llorar sin parar. Llegamos a su casa y fuimos recibidos por las hembras de la manada. Le dijeron a Castiel que no podría estar conmigo hasta que empezara la ceremonia y él s

