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349 Palabras

La noticia me llegó como una bala al corazón y sentí que el tiempo se me había acabado. La boda se efectuaría el fin de semana, para ser exactos: el viernes en la noche. Ese día era martes, así que sólo tendría dos días para poder disfrutar de mi libertad. Pero ni siquiera podía olerla puesto que Castiel había vuelto a su rutina de antes: esperaba a que saliera del colegio y me llevaba a su departamento. Yo hacía todo lo posible por tardar en salir y me quedaba más tiempo del debido en la escuela. – Hermano, debes de hacerle frente y decirle que no quieres ir con él. – Joe me miraba un poco molesto mientras engullía su desayuno. Bajé la mirada y observé mi sándwich, sin ánimos de comer nada. – ¿Y quieres que me mande al hospital? – Bufé irónico. – No gracias. Ya he tenido suficiente. –

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